¡A por los Tweet-rroristas! El Gran Hermano en internet

Ni somos, ni hemos actuado como el Gran Hermano”, explica un Guardia Civil a un periodista de El País en un artículo titulado “La Guardia Civil busca a 200 personas que enaltecen a ETA en las redes sociales” (4 de mayo 2014), que explica que, en el marco de la Operación Araña, la unidad UCE-1 rastrea la pista de 200 perfiles anónimos de gran popularidad en internet, cuyos mensajes supuestamente celebran los atentados de ETA, humillan a las víctimas y piden el regreso de la lucha armada, tras haber detenido a otras 21 a finales de abril por las mismas razones.

Facebook SettlementMucho se ha criticado en fechas recientes y en diversos medios sobre esta actuación. Muchas voces polemizaban que el golpe se dirige solo contra supuestos exaltadores de ETA. Ante esto, el mando contestó: “Fácil. Nosotros somos la UCE-1. Nos dedicamos solo a ETA”, por lo que no debe interpretarse la Operación Araña como una respuesta a la rebeldía juvenil, la izquierda o el independentismo. ¡Vaya mierda de argumento! Si solo la unidad que se dedica a ETA se dedica a perseguir estos delitos y el resto (¿cuáles son el resto?) no lo hacen, el argumento será intrínsecamente falaz, pues no se aplica el mismo criterio con los perfiles que celebran el asesinato de Aitor Zabaleta o son abiertamente machistas, por poner unos ejemplos.

El fin de la libertad de expresión

Pero dejemos – de momento – de lado el hecho de que los cuerpos policiales seleccionan contra qué “malos” actuar y contra cuáles no. Olvidémonos también de que algunas de las personas que acabaron detenidas ni siquiera eran conscientes de cómo era el emblema de ETA o que lo estaban subiendo a Facebook1, o de que algunos tweets que se han perseguido eran referentes a Carrero Blanco. Tampoco vamos a entrar a hablar de las denuncias por malos tratos durante la detención que se han efectuado, por graves que nos parezcan. Hablemos la significancia de una operación así, se dirija contra quien se dirija.

Lo primero a tener en cuenta es que el espacio de privacidad cada vez se ve más y más reducido. La proliferación de las nuevas tecnologías permite que todo lo que decimos y escribimos queda registrado de alguna manera. No nos referimos sólo a las redes sociales (las cuales, como su propio nombre indica, son públicas): un correo electrónico de hace cinco años siempre puede ser rescatado, o lo mismo puede ocurrir con una grabación de una conversación privada en un bar.

Todo esto, que puede parecer una inmensa obviedad, está dando pie a un cambio cultural que permite que todo lo que hagamos pueda ser monotorizado. Una vez que desaparece la privacidad e intimidad, todo lo que decimos es escrutinizado por la sociedad entera y sometido a juicio. Y cualquier cosa que se salga un poco de la corrección política y la moral pública es duramente reprochado, no sólo rechazándose públicamente, sino penalmente también, con la intención de acabar con toda oposición, debate y cuestionamiento del poder.

El oportunismo y la instrumentalización penal

El que operaciones de este tipo se dirigen únicamente contra elementos “molestos” para el gobierno se puede apreciar analizando contra quiénes se dirigen. En febrero, Interior anunció que denunciaría por injurias a cualquiera que criticara la actuación de la Guardia Civil de Melilla2. En abril, detuvieron a los/as terroristas del Twitter que hemos mencionado. Y en mayo, el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, a las pocas horas del asesinato de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, anunció que se investigaría a todo aquel que se riera o celebrara su muerte (al cierre de esta edición ya se han producido dos detenciones por apología del homicidio) y anunció la creación de una comisión para estudiar posibles reformas legales que permitan perseguir con mayor eficacia este tipo de actos.

Y es que se ha hecho muy aparente una doble moral en lo que a los límites de la libertad de expresión se refiere. Por ejemplo, en el caso de Carrasco, las presuntas autoras de los hechos eran dos militantes del PP (ayudadas por una agente de policía) y los llevaron a cabo por una cuestión de venganza personal. Aun así, el cadáver no estaba frío aún y ya la editorial de El Mundo hablaba del ambiente hostil que ha servido como “caldo de cultivo que contribuye a erosionar la relación con unos políticos a los que se ve ahora como enemigos”, el tertuliano Hermann Tertsch vio al cómico Gran Wyoming “detrás de los niñatos descerebrados que celebran la muerte de Carrasco”, Luis Salom (del PP) señaló con el dedo a la revista El Jueves, porque hace exactamente dos años le dieron el premio de “Gilipollas de la Semana” a Carrasco, la periodista Isabel San Sebastián sostuvo que la culpa es de quien realiza escraches y el diario ABC afirmó a raíz del asesinato de Isabel Carrasco que “la deslegitimación de los políticos se ha puesto de moda y ha extendido el argumento de que todo vale contra ellos”. Ninguno de ellos dio en el clavo, y sus palabras fueron calumniosas, pero ya sabemos que no les ocurrirá nada.

Y el último episodio de utilización de la represión para acotar nuestra se produjo el 22 de mayo, cuando tras una cogida a los tres toreros en Las Ventas desencadenó una ola de chistes y comentarios ofensivos con ellos. Ante este hecho, cinco organizaciones taurinas anunciaron que no escatimarán esfuerzos para que las autoridades y el poder judicial “ponga coto a este abuso de la libertad de expresión3.

Está claro que la situación es la que es, y se persigue a quien se persigue. Sin embargo, aunque los/as detenidos/as lo fueran por ser racistas, homófobos o sexistas, no podríamos aplaudir la detención y procesamiento de una persona por expresarse. Primero, porque no se debe convertir lo soez o la bajeza moral en delito; al fin y al cabo, el derecho a la libertad de expresión comprende el derecho a ofender al resto de personas. Y segundo, porque no queremos darle ese poder al Estado. Al luchar por la criminalización de determinadas conductas estamos tirándonos piedras contra nuestro propio tejado. No porque vayamos a cometer ese mismo delito, sino porque al hacerlo pediríamos que se incrementara el control sobre nuestras vidas.

Los medios de siempre, en el contexto de ahora

No es la primera vez que hablamos del tema, pero no nos cansaremos de decirlo: tras el abandono de la lucha armada de ETA, las ociosas unidades antiterroristas se están dedicando a buscar nuevos enemigos, utilizando las viejas tácticas de una situación de “excepción” contra el nuevo fenómeno de turno. No renuncian a sus poderes especiales y los utilizan contra cualquiera.

Basta ya de grandes operaciones policiales para detener a un puñado de personas que escriben cosas que no te gustan. Y más cuando sólo te han molestado en 121 caracteres.

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1 Véase el artículo “Subí el emblema de ETA al Facebook sin darme cuenta”, de El País, de 4 de mayo de 2014.

3 Ni nos vamos a molestar a rebatir a esta gente. Para argumentos contra la tauromaquia, véase www.acabemosconlatauromaquia.com

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