20S Emergencia Feminista

Septiembre cerraba el mes con 72 mujeres asesinadas en lo que va de año. «El pasado mes de julio, cada dos días, una mujer ha sido asesinada. Esto ya no es una alerta. Declaramos la emergencia feminista». Así se anunciaba la convocatoria que tuvo lugar el 20 de septiembre por parte de la Plataforma Feminista de Alicante y a la que se sumaron 250 agrupaciones en todo el Estado.

Las cifras oficiales – que no contabilizan a mujeres que no hayan tenido una relación sexo-afectiva con el asesino, como es el caso de Pontevedra donde el hombre asesinó, junto con su mujer, a suegra y a su cuñada- ascienden a 46 en lo que llevamos de año. Si sumamos esas otras mujeres asesinadas que la ley no contabiliza, la cifra aumenta considerablemente a 72 asesinadas en lo que va de año. Pero las cifras no alarman, no sorprenden, están más cerca de convertirse en el efecto dominó, como es el caso de los suicidios, que en crear conciencia y preocupación social. ¿Qué se está haciendo mal?

Enero se saldó con 10 mujeres asesinadas y dos hijos; el mes de febrero cerró con 6 mujeres asesinadas; en marzo 5 mujeres asesinadas; el mes de abril contabilizó 8 mujeres asesinadas y 1 hijo; en mayo fueron 5 las mujeres asesinadas; en junio llegó hasta las 10 mujeres asesinadas; julio fue el mes más alarmante y que se volvería a repetir con 11 mujeres asesinadas y 1 hijo; en agosto fueron 6 las mujeres asesinadas y 1 hijo; septiembre repite la cifra de julio con 11 mujeres asesinadas. Un total de 72 mujeres asesinadas en lo que va de año 2019. Desde que se comenzaron a contabilizar de forma oficial los asesinatos por violencia de género en 2003, el año con más víctimas mortales fue 2008 con 76 mujeres asesinadas.

Algunas preguntas polémicas: ¿puede la movilización estar siendo contraproducente? ¿Son los medios de comunicación y el tratamiento que le dan a las noticias en relación a la violencia de género, en parte responsables? ¿Hay beneficiarios económicos y de poder en relación a las políticas de género?

La violencia machista es una realidad ya desorbitada, y una prioridad de la lucha del feminismo. Ahora bien, una emergencia feminista, como la convocada por la Plataforma Feminista de Alicante debería estar vinculada a otras cuestiones más allá de una simple concentración, ya que esta sola cuestión corre el peligro de, por un lado, convertirse en un acto con beneficios partidistas (leed el artículo “20S, la emergencia feminista-electoral del PSOE” de Paloma González) y por otro generar cierto halo de espectacularidad vaciado de contenido. ¿Significa eso que hay que dejar de manifestarse? No. Significa que debemos ser más estrategas y dotar de contenido y acción a cualquier acto de lucha feminista.

Así mismo, se hace evidente cómo los medios de comunicación y el tratamiento que le dan a este tema, así como a otros muchos, están más cerca de perjudicar que de favorecer la causa feminista y la erradicación de la violencia machista, aportando los mecanismos necesarios para el denominado efecto dominó.

La violencia machista es estructural y los condicionantes estructurales que la componen se abastecen de leyes, políticas de campañas, burocracia, ideales religiosos, sistema económico, creencias, prejuicios, discursos culturales, valores y un pensamiento conservador. No basta con combatir el síntoma, hay que atacar la estructura.

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