¿Caridad o solidaridad?

Hace un par de meses publicamos un artículo que reflexionaba sobre el concepto (y el acto) de la caridad (www.todoporhacer.org/la-limosna-esa-manzana-envenenada). El mes elegido fue diciembre, mes por excelencia en el que se amplifican hasta la extenuación los sentimientos de “generosidad y amor al prójimo”, eso sí, en gran medida con un importante regustillo religioso y una enorme dosis de hipocresía. Pues bien, en esta ocasión pretendemos darle una vuelta más al asunto desde una posición distinta. Tratar de contraponer a la caridad, la solidaridad, dos conceptos que muy a menudo se pretenden convertir en sinónimos, y que sin embargo entendemos que representan dos posicionamientos ante la realidad bastante alejados. Aunque es cierto que en ocasiones sea difícil desligarlos del todo. Para ello, vamos a partir de dos ejemplos de cómo esta diferencia de planteamiento lleva a una determinada respuesta desde las instituciones, mientras que por otro lado se premian y alagan constantemente las acciones caritativas (de la Iglesia en la mayor parte de los casos).

El primero de estos casos fue el intento de cierre por parte de la Ayuntamiento (a través de la Junta de Distrito) del Banco de Alimentos de Tetuán durante las fiestas navideñas.  Para ponernos en contexto, este proyecto surge el pasado mes de septiembre de la mano de la Asamblea de barrio del 15M. Desde sus inicios, este Banco de Alimentos es planteado como una herramienta autogestionada de los/as vecinos/as del barrio para tratar de dar solución (en la medida de sus posibilidades) a los problemas, principalmente en materia de alimentación, de muchas familias. Eso sí, desde una óptica diametralmente opuesta al clásico ejemplo caritativo. Lo que se pretende es hacer partícipe a las familias beneficiarias del funcionamiento del Banco, tratar de romper con la dualidad que se nos vende de buen/a ciudadano/a que da y pobre que recibe. Su idea es apostar por “la solidaridad entre iguales y la autorganización popular”, y no sólo platearse el parcheado de un problema, sino intentar actuar sobre sus causas profundas. Es por ello, que desde esta iniciativa, no sólo distribuyen alimentos, juguetes y material escolar, sino que tratan de ampliarlo a una herramienta que de formación, que canalice protestas y propuestas para acometer los problemas de alimentación y pobreza de las familias del barrio.

Pero los problemas a los que se enfrenta esta iniciativa no terminan con la forma en que se plantean la solidaridad, sino que más bien se reproducen a raíz de ello. Su sede, que se encuentra en un almacén cedido por la Asociación Vecinal Cuatro Caminos-Tetuán, ha sido visitada en diversas ocasiones por la Policía Municipal, con las más diversas excusas, y sus acciones de recogida de alimentos han contado, en alguna ocasión, con el acoso de los/as gerentes de supermercados como Mercadona o Carrefour. Sin embargo, el punto álgido de estos tiras y aflojas por sacar adelante su proyecto, se sucede el pasado 26 de diciembre, cuando el Ayuntamiento les notifica que al día siguiente serán desalojados. La razón dada por el consistorio es que el edificio en el que se encuentra su sede, de titularidad municipal, requiere de una importante rehabilitación y que, además, carecen de licencia. Y la solución que plantean desde las instituciones es sencilla, puesto que comparten local con la Asociación de Vecinos, que se vayan al nuevo local que le van a ceder a esta asociación; eso sí, de 40 metros cuadrados. Ante esta situación, desde la asamblea del Banco platean una concentración para el día siguiente ante la sede de su local, consiguiendo finalmente que el Ayuntamiento se eche para atrás en el desalojo, al menos por el momento. Aún así, la amenaza sigue ahí.

El otro ejemplo sobre el que nos gustaría detenernos sucedió también las pasadas navidades, en este caso en el barrio de Moratalaz. Durante dos jornadas, el colectivo Distrito 14 organizaba una recogida solidaria de juguetes, que luego se repartirían, varios días después, entre familias del barrio. Durante el segundo día de actividad, que se estaba realizando en las cercanías de un Alcampo, el encargado del supermercado y uno de sus guardias jurados trataron de amedrentar al colectivo para que abandonasen el lugar. Finalmente, se produjeron dos visitas de la Policía, que acudía ante una denuncia de “venta de juguetes robados”; y tras varias discusiones, con tres personas identificadas y ante la amenaza de que se incautaran de los juguetes, la recogida tuvo que terminar antes de lo previsto.

Antes de dar por terminado el artículo, nos gustaría valorar, aunque sea brevemente, un par de cuestiones. En primer lugar, algo a reseñar de estos dos ejemplos es la posición que toman las grandes superficies de alimentación, que no es otra que la coacción hacia quienes tratan de sacar adelante estos proyectos solidarios. Y esto, al mismo tiempo que se vanaglorian de su propia campaña de recogidas de alimentos, que suelen llevar a cabo una vez al año en nombre del Banco Central de Alimentos. Al final, parece que lo importante es la campaña de publicidad que acompaña al acto caritativo, hacerse la foto y vender buenas obras. No nos sorprende, pero no está más recordarlo.

Por otro lado, algunas cosas las tenemos claras, y entre ellas está que lo que nosotros/as entendemos por solidaridad es el apoyo entre iguales, de tú a tú, desde una perspectiva bidireccional, y con la clara intención de dotarnos entre todos/as de las herramientas necesarias para acabar con el problema de fondo (en este caso la pobreza). Pero luego, en la práctica, las cosas no son tan sencillas. Luego es difícil evitar cierto asistencialismo, romper con ese rol del que da y el que recibe, no caer en reproducir ciertos patrones propios del capitalismo… Pero no es menos cierto que el momento es jodido, y es importante que nos apoyemos entre quienes estamos abajo en esta sociedad de clases. Y ciertas estrategias y herramientas propias son más necesarias, si cabe, cuando el Estado se repliega y abandona parte de los servicios que antes malcubría. Y lo que está claro es que estos problemas se pulen con la práctica.

Interesa la caridad, no que las víctimas de este régimen capitalista se organicen para salir de su situación, para que no despierten y descubran que esta estafa a la que llaman crisis sólo es un pretexto para convertirnos en esclavos del siglo XXI – Extracto de un comunicado del Banco de Alimentos de Tetuán

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