Y el séptimo día el Señor se fue de compras

Hace un par de años, en julio de 2012, Madrid se convirtió en la primera Autonomía en estrenar libertad de horarios comerciales. En virtud de la Ley de Dinamización de la Actividad Comercial en la Comunidad de Madrid, cualquier comercio que lo desee puede abrir al público las 24 horas del día, sin restricciones. Desde entonces, los grandes centros comerciales abren sus puertas todos los días del año (algunos por conveniencia y otros “por obligación”, para mantenerse competitivos). Esta ley se aprobó bajo el pretexto del desarrollo, del resurgimiento del mercado y la necesidad de creación de puestos de trabajo. Lo que ha ocurrido, sin embargo, es que el paro ha seguido en aumento y los contratos de los/as trabajadores/as existentes, modificados.

En noviembre de 2013, una regulación similar se aprobó en Grecia. Concretamente, la Ley de 3 de noviembre elimina el domingo como día festivo: los negocios de superficie de más de 250 metros cuadrados pueden abrir todos los domingos del año; los negocios de superficie inferior abrirán siete domingos al año; y los trabajadores que curren los domingos no cobrarán ningún suplemento o recargo, ya que estos días se considerarán laborables a todos los efectos. Estas condiciones laborales no se daban en Grecia desde el año 1909.

No recordamos que nadie protestara en 2012 en Madrid por la aprobación de esta ley. Pero, por otro lado, el sentimiento de rechazo que nos genera esta medida ha sido reflejado en los textos y accionesde algunos/as compañeros/as helenos/as de los últimos dos meses. Por ejemplo, el 28 de diciembre de 2013 la Asociación de Trabajadores en Librerías, Papelerías y Editoriales de Atenas, organizó una serie de concentraciones contra la extensión del calendario laboral y del horario de cierre de las tiendas. Algunos de los lemas que se gritaron fueron “no te faltan horas para comprar, te faltan horas para descansar” o “nunca trabajar en domingo y por las noches, que no seamos competitivos nunca”.

Ante esta noticia, rescatamos un texto titulado “Nunca Trabajar en Domingo”, publicado en Grecia en 2012 por la Coordinación de Sindicatos de los Sectores Público y Privado cuando se permitió que los comercios abrieran dos domingos al año:
“Una vez más los derechos laborales están en el punto de mira. El gobierno tripartito, en colaboración armoniosa con el Capital comercial, hotelero/turístico y multinacional, promueve la abolición del domingo como día festivo. Con el método ya conocido del acto legislativo (más bien con el método del “decidimos y ordenamos”) las tiendas van a estar abiertas los domingos. […] ¡Feliz Año Nuevo pues y feliz 1909! ¡Ya hemos retrocedido cien años, en la época en que los trabajadores trabajaban los domingos!
Desde luego, el funcionamiento de los comercios los domingos y la liberalización total de su horario siempre ha sido un objetivo del Capital, pero ahora con el pretexto de la “estimulación del mercado y la economía” pretenden acabar de una vez por todas con el “anacronismo” del domingo como día festivo, así como con el “anacronismo” de todos los derechos laborales. Porque esta metodización no es nada más que un golpe más a las conquistas de los yrabajadores, junto los golpes anteriores: eliminación de los convenios colectivos, saqueo de los salarios, abolición de los subsidios, reducción de las indemnizaciones por despido, disolución de los fondos de seguros, aumento del trabajo flexible y negro, así como de la tasa de desempleo.
Una vez se pone de manifiesto que los memorandos y las leyes antiobreras que imponen el gobierno, la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, están en plena concordancia con los intereses del gran Capital. Su objetivo no es sólo el rescate del gran Capital y de sus beneficios, sino la conversión del país entero en una vasta “zona económica especial”, donde no habrá derechos, donde dominará la explotación total, el individualismo y la sumisión a la autoridad de la patronal.[…]Es mentira que la abolición del domingo como día festivo va a estimular el mercado. La verdad es que a los miles de desempleados y trabajadores que no les han pagado el sueldo, no les faltan las horas para hacer compras, sino el dinero para cubrir sus necesidades más elementales.
[…] Es mentira que la abolición del domingo como día festivo concierne sólo al sector comercio. El comercio siempre ha sido el “laboratorio experimental” de una serie de medidas anti-obreras. El horario flexible, los contratos de duración determinada y el salario por hora, fueron aplicados primero en este sector antes de consolidarse en todo el sector privado, así como en el sector público, en el que la flexibilidad de los horarios y la falta de pago de las horas extraordinarias y del trabajo en días festivos son unas medidas que fueron aplicadas de repente. El modelo es común para todos. Gobierno, Unión Europea y patronal quieren que trabajemos 7 días a la semana, con el horario y las condiciones laborales que ellos quieran, sin derecho al descanso y al tiempo libre, sin tiempo para nuestra familia y nuestra vida”.

Textos como este evidencian el brutal ataque a los derechos laborales del sector, pero dejan de lado otro aspecto también muy preocupante: la consolidación del consumismo como única forma de divertimiento. Múltiples noticias de periódicos hispanos y helenos recogen que los/as consumidores/as acogen con alegría legislaciones de este tipo, ya que les permite comprar más e ir con mayor frecuencia a las rebajas. Es decir, que después de matarte toda la semana a base de currar, el ocio ofrecido consiste en ir a gastarte todo tu dinero en objetos que casi nunca necesitas. Parafraseando la novela y película El Club de la Lucha (de Chuck Palahniuk), “trabajamos en trabajos que odiamos para comprar cosas que no necesitamos”. Encontramos la evasión en objetos innecesarios y carecemos de valores alternativos que confieran valor a nuestra vida fuera de un determinado segmento del mercado (el del comprador). Nos hallamos irremediablemente cosificados/as y sometidos/as al constante bombardeo de banalidades y, finalmente, la pasividad ilusoria se convierte en la exclusiva forma de relación con el mundo, por lo que aplaudimos a la Administración cuando aumenta el horario para que consumamos en centros comerciales.

Información extraída de www.verba-volant.info/es y www.greekindependentnews.net

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