Una fotografía

La fotografía que os proponemos es la de un antidisturbios de la Policía Nacional de Alicante mostrando una pelota de goma que es observada con fascinación por decenas de niños y niñas. Ese proyectil esférico despierta interés porque encarna la manera en que se mantiene este orden social; con la permanente amenaza de que cualquiera de los nuestros pierda un ojo en la próxima manifestación. Y esa coacción a veces puede resultar etérea, inmaterial, pero en otras ocasiones nos sorprende tomando la evidente forma de un pequeño globo azul; azul como el cielo que surca, azul como sus uniformes.

Los policías no son trabajadores sin más. Esta instanánea da cuenta de ello; ningún otro obrero requiere de semejante ingeniería propagandística para impregnar su labor de legitimación social. De hecho, en esta ocasión, la publicidad tiene nombre propio: III Plan Director para la Convivencia y Mejora de la Seguridad Escolar, un proyecto que en palabras del Ministerio de Fomento tiene como objetivo “acercar los servicios públicos de seguridad a la comunidad escolar para mejorar la confianza de los niños y jóvenes en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado”.

La labor policial no puede encuadrarse en ninguna de las actividades que definen por excelencia a los trabajadores: el trabajo productivo (producción de bienes y servicios) y el trabajo reproductivo (trabajo doméstico y educación).

Todo trabajador encuadra su actividad en alguna de estas dos áreas, pero los agentes de la ley ni producen bienes, ni prestan un servicio cuyo fin sea satisfacer las exigencias de los clientes (como en los sectores comerciales) ni realizan tareas imprescindibles para el mantenimiento de las personas, como las actividades que se incluyen en el área del trabajo reproductivo.

Es necesario admitir que la función policial consiste en realizar un servicio, pero un servicio peculiar que no puede compararse con los ofrecidos por el sector servicios, pues no se presta a quien lo demanda (a quien quiere y puede permitírselo), como la hostelería o el transporte, sino que sirve de correa de transmisión de los gobiernos. Se trata de un servicio -el policial- que pone en ejecución las normas dictadas por las diferentes leyes.

Por su condición de asalariado, a veces se considera al policía como un trabajador más, y sin embargo ningún otro obrero se lucra haciendo cumplir la ley en la calle, cueste lo que cueste. Independientemente de la opinión que un policía tomado individualmente pueda tener sobre los recortes, los desahucios o la represión que recae sobre quienes se enfrentan a ambos, su modo de vida siempre será hacer cumplir los mandatos y designios del Ayuntamiento, la Comunidad o el Estado central. Aun cuando estos constituyen un insulto y son injustos.

Ninguno de los agentes de los Institutos Armados de carácter militar, como el Cuerpo Nacional de Policía o la Guardia Civil, históricamente han tenido derecho a huelga, al entender la propia ley que, antes que asalariados, eran y son sirvientes del orden. En ese sentido, aunque el Cuerpo Nacional de Policía sí tenga derecho a organización sindical, sus organismos profesionales (la Confederación Española de Policía o el Sindicato Unificado de Policía) siempre han acatado esta cuestión, demandando mejores condiciones laborales que les faciliten la tarea del mantenimiento del orden público. De ese orden público, de esa paz social que nos deja sin aire.

Abre la puerta de casa, pisa los adoquines y el asfalto de este Madrid envuelto en sus sirenas y sus uniformes. Obsérvales; su actitud, sus gestos… a mucha gente ya no nos cuadran.

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