Sobre el Hogar Social nazi

Hace un par de meses hablábamos en esta publicación del “Hogar Social” okupado por neonazis en Zaragoza a principios de verano. En pleno agosto la historia se repetía aquí en Madrid, en el barrio de Tetuán, con el llamado “Hogar Social Ramiro de Ledesma”. La noticia ha dado mil vueltas en los medios de comunicación de todos los colores, por lo que no vamos a detenernos en más detalles sobre la misma.

Como sabemos, el edificio fue desalojado por la policía el pasado 19 de septiembre. Nos alegra saber que ya no están allí y que – por el momento – se les ha acabado su asqueroso proyecto de “caridad patriota”. Lo que no nos alegra, sin embargo, es la forma en la que se han tenido que ir.

La alarma social provocada tanto por las concentraciones pacíficas y las ruedas de prensa convocadas por asociaciones de vecinos/as, como por el hostigamiento y ataques realizados por antifascistas, ha obligado a Delegación de Gobierno a acelerar el desalojo para intentar evitar un problema mayor. Sí se puede decir, por tanto, que el rechazo del barrio y todas las formas en que lo ha manifestado han sido determinantes para que el desalojo se llevara a cabo con tanta rapidez.

Pero, aunque en esta ocasión le haya tocado ir contra nuestros/as enemigos/as, la policía no es ni será nunca nuestra amiga, por lo que este desalojo también nos daña de varias maneras. Para empezar, la policía, los juzgados y la Delegación de Gobierno, las instituciones, en definitiva, salen reforzadas de todo esto, apareciendo como garantes de la paz social y dando la apariencia de impedir el avance del fascismo. Por otra parte, el desalojo sienta un precedente que fácilmente se nos puede aplicar a nuestras okupaciones políticas en el futuro: una fuerte campaña de presión mediática (basada o no en la movilización popular, poco suele importarles esto a los medios) puede llegar a crear una ficticia “alarma social” que facilite o legitime acciones represivas de la policía. Lo hemos visto con las detenciones y posterior encarcelamiento de Miguel e Isma tras las marchas de la Dignidad del 22 de marzo, por poner sólo un ejemplo próximo.

Con todo esto, no queremos decir que ante la presencia nazi haya que hacer como si no existieran. Todo lo contrario. Tanto la experiencia histórica, como la más próxima en el tiempo en países cercanos nos ha demostrado que si se les da cancha, el fascismo avanza y puede pasar de presentar un mero problema de “bandas callejeras” a un problema político de gran magnitud. Tenemos a Amanecer Dorado  en Grecia organizando patrullas parapoliciales que acosan a las personas migrantes, el auge del renovado Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia que ha condicionado las políticas en seguridad y migratorias de los sucesivos gobiernos, o el ascenso en Italia de los movimientos fascistas juveniles o estudiantiles que se están convirtiendo en un ejemplo para grupos fascistas patrios como Liga Joven. Eso sin alejarnos más y fijarnos en Hungría y otros países del este como Ucrania donde partidos declaradamente fascistas ocupan puestos de gobierno.

Por eso también nos preocupan las voces que hemos escuchado aquí, cerca de nuestros entornos, argumentando que la presencia y la incidencia de estas iniciativas fascistas es mínima y que no deberíamos malgastar nuestras fuerzas en combatirlas, o que no es conveniente tratar de desenmascararles y denunciarles públicamente ya que de esta forma se les da publicidad. Si bien es cierto que si no hubiera habido ninguna respuesta a la presencia del Hogar Social en Tetuán, éste no habría salido en “Ana Rosa” y en todas las cadenas de televisión, también lo es que si no se hace nada para impedirlo, éste y otros “hogares sociales” seguirán avanzando en sus objetivos, que, no lo olvidemos, no son repartir bocadillos sino extender una ideología política basada en la discriminación y el máximo autoritarismo.

Es seguro que volveremos a ver surgir nuevos “hogares”, comedores, bancos de alimentos y demás iniciativas nazis camufladas con el nombre que sea, y por eso debemos estar preparados/as para combatirlas de todas las formas posibles. Como se ha hecho en Zaragoza y en Tetuán, mostrando el rechazo del barrio, desenmascarándoles ante los/as vecinos/as, impidiéndoles realizar cualquier tipo de actividad, no dejándoles respiro. Sobre todo, construyendo lazos y redes dentro y entre los barrios para ser capaces de reaccionar a estas situaciones que hace unos años nos parecían impensables, y dejar de pensar que el antifascismo es cosa de bandas o de chavales/as con la cabeza rapada y botas militares. Aquí destacamos el panfleto que se repartió entre los/as vecinos/as pidiendo el boicot al centro nazi en el que se destacaba su racismo y su caridad condicionada a que se abrace su causa, dando a conocer proyectos de solidaridad que ya funcionan en el barrio como el ya tratado en estas páginas Banco de Alimentos 15M Tetuán, el Grupo de Desahucios y Vivienda, el colectivo Yo Sí Sanidad Universal y la Red de Solidaridad Popular de Tetuán, que a través del apoyo mutuo intentan paliar las consecuencias de la crisis sin fijarse en tu lugar de procedencia o tu color de piel.

Para nosotros/as, el objetivo no debe ser buscar que las instituciones estén de nuestro lado y actúen. De hecho, esa es una baza que ni siquiera podríamos jugar si la próxima vez se trata de un proyecto legal (un local alquilado, por ejemplo). Debemos hacernos fuertes para que ninguna persona pueda sentirse intranquila en un barrio por tener un color de piel diferente, sino que sean ellos/as los/as que se sientan inseguros/as y rechazados/as.

Fuera racistas de nuestros barrios

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