Riot

Director: Jeffrey Walker. Universal Sony Pictures. Australia, 2018. 1 h y 45 min.

Riot es una TV movie de bajo presupuesto australiana que relata, con buenas interpretaciones y un guión solvente, la historia real de la lucha emprendida por Lance Gowland y sus compañeros por despenalizar la homosexualidad en la conservadora Australia de los años 70.

Lance es hijo de un histórico militante comunista y miembro de un sindicato desde la adolescencia. Cuando su militancia viró hacia los derechos de las personas LGTBiQ, fue repudiado por su homófobo padre, pero eso en ningún momento le lleva a abandonar su perspectiva de clase.

La película se centra en la lucha constante por la conquista de sus derechos y pone sobre la mesa distintos debates que, a día de hoy, se siguen reproduciendo en el activismo político. Uno de ellos es el de cómo sumar a más personas a la lucha y si es compatible la fiesta con la militancia.

El modus operandi de los activistas, en esencia, se reducía a manifestarse y a recibir hostias de la policía. Esto va progresivamente agotando al movimiento, que se cansa de recibir golpes y cada vez acuden menos personas a sus concentraciones. Un día, uno de los activistas explica que en Estados Unidos, para celebrar el aniversario de los disturbios de Stonewall, se ha celebrado una marcha festiva del Orgullo, una especie de carnaval, y propone hacer lo mismo en Sidney. Lance, de una tradición militante seria y poco festiva, al principio no lo ve, pero finalmente se va contagiando del entusiasmo que se va generando en torno al desfile. El salto de calidad lo pegan cuando deciden incorporar a los “travelos”, a los que antes despreciaban, porque los consideraban unos hedonistas que se preocupaban más por la fiesta que por luchar. Finalmente celebran una marcha multitudinaria, pero eso no impide que la policía responda con una violencia sin parangón.

El filme, en definitiva, es un retrato del activismo político de base al margen de las instituciones (en este caso LGTBiQ, pero podría trasladarse perfectamente a otros ámbitos) y no rehuye de reflejar cómo éste puede afectar a nuestras vidas personales. Es un llamamiento a que luchemos y a que recuperemos el espíritu reivindicativo y guerrero del Orgullo, pero también a que encontremos el equilibrio en nuestras vidas y no nos olvidemos de los cuidados y los espacios para nosotras. Asimismo, es una denuncia de la represión policial y la homofobia que siguen vivas y coleando en la actualidad.

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