La banda de la tenaza

Autor: Edward Abbey. Berenice. 472 páginas.

la-banda-de-la-tenazaLa visión del magnífico desierto del Oeste norteamericano desfigurado por las grandes compañías industriales sólo puede llevar a una conclusión lógica, hay que plantarle cara a la “gran máquina” con todos los medios posibles y vencerla. Cuatro personajes totalmente alejados del estereotipo del activista ecologista se juntan para lanzar su humilde ataque contra el mundo tecno-industrial que se propone colonizar el, todavía virgen, Oeste, como ya hiciera con el Este norteamericano. Este mundo extiende sus tentáculos en forma de minas, autopistas, puentes y ferrocarriles, profanando la pureza del medio natural. Los quijotescos protagonistas se dedican a cortarlos uno a uno mientras el monstruo se defiende con las únicas armas que conoce: policías, jueces, cárcel…

Bonnie tenía amor y paisaje y una cabaña entre los pinos en la mente; Hayduke, también un romántico y un soñador, atestaba su cabeza de maquinaria masoquista, acero retorciéndose, hierro en torsión, múltiples imágenes de lo que él llamaba ‘destrucción creativa’. De un modo o de otro tenían que frenar sino parar del todo el avance de la tecnocracia, el crecimiento del Crecimiento, la expansión de la ideología de las células cancerígenas…

Mi trabajo es salvar la puta naturaleza, no conozco nada más que merezca ser salvado”. George Washington Hayduke, personaje a mitad de camino entre el héroe y el anti-héroe describe así su papel en la novela y la vida.

Alejada de la literatura militante, con un estilo limpio y asequible, La banda de la tenaza rompió la barrera invisible del gueto politico, huyendo de tratar de convencer a los convencidos. Edward Abbey era consciente de que se estaba adelantando a un nuevo tipo de activismo y lo dejó claro en el epiteto del libro: “Este libro está basado estrictamente en hechos reales, Todo lo descrito es real y ha ocurrido. Todo comenzó justo el año que viene”.

No fue uno sino cuatro años los que tardó en surgir la organización “Earth First!” que en estos días en los que el lenguaje nos ha sido robado serían denominados eco-terroristas.

La narración queda completada con las ilustraciones de Robert Crumb, referente del cómic contracultural estadounidense de los 60, a cuyo trabajo merece la pena echar un ojo.

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