Murcia soterrada: Another article about the wall

Cuando escribimos estas líneas, la ciudad de Murcia cumple doce días seguidos de movilizaciones vecinales exigiendo el soterramiento del AVE a su paso por la ciudad, pues el plan actual implica la construcción de un muro de 9 km de longitud y 5 metros de altura, que aísla a los barrios del sur del resto de la población. Además, por razones de seguridad, se eliminarán los pasos a nivel que hasta ahora servían para conectar las diferentes zonas. Doce días consecutivos de movilizaciones que han contado con la presencia de miles de vecinas, convirtiendo las marchas y concentraciones en diversos y plurales espacios de lucha con un objetivo común.

Seguramente algo habrás leído en las redes sociales o en la propia prensa generalista, sobre todo, a raíz de las cargas policiales del jueves 14 de septiembre, tras la negativa de las vecinas a abandonar el paso a nivel de Santiago el Mayor. Las imágenes de los moratones y contusiones provocados por los porrazos de la policía recorrieron como un chispazo las redes sociales, pero como un chispazo desaparecieron al día siguiente. A pesar de que las manifestaciones y acciones han continuado durante doce noches seguidas, no han vuelto a encontrar el eco mediático de aquella jornada, enterrando en el silencio una de las luchas más importantes que se han desarrollado en Murcia en los últimos años.

Y este hecho nos debería conducir a reflexionar sobre la fugacidad de nuestras muestras de solidaridad, o cómo influye en nuestra actividad política no sólo el espídico ritmo de las redes sociales sino la masiva o nula presencia mediática de determinadas realidades, sin hablar de cómo afecta en nuestra predisposición a prestar atención a un hecho concreto la carga espectacular de la información que recibimos. En un mes marcado por el conflicto abierto en Cataluña, no cabía esperar más que un bombardeo masivo e insufrible sobre lo que está sucediendo allí, pero que desde espacios de disidencia no seamos capaces de prestar atención a otras realidades que están sucediendo más que cuando ocurren imágenes que nos permiten decorar nuestros muros virtuales, nos debe invitar a pensar sobre ello.

De la información aparecida sobre la lucha por el soterramiento nos gustaría dar ciertas pinceladas sobre lo ocurrido estos días. El mismo día que se produjeron las cargas policiales, el Ministro de Fomento visitó la ciudad de Murcia garantizando que se soterrarán las vías del tren, y que las obras empezarían lo más pronto posible. Pero, ni en los presupuestos de este año ni en los del próximo aparece ninguna partida para ello, por lo que, a pesar de la intensa campaña de los voceros “populares”, las protestas no sólo no amainaron sino que se intensificaron al comprobar muchas vecinas cómo la clase política local y nacional pretendía reírse de ellas en su cara. Desde aquí nuestras humildes felicitaciones por no dejarse embaucar por fáciles promesas y fugaces visitas.

De las movilizaciones cabe destacar la pluralidad de acciones llevadas a cabo, reflejo del carácter popular de dicha lucha. Desde los 200 músicos cantando su propio “The Wall” de Pink Floyd, hasta la multitudinaria visita a la casa del alcalde, una asamblea de cientos de personas rodeada de antidisturbios, la quema de dos excavadoras de las obras o los cortes de las vías del tren.

También mencionar que la noche del sábado 16, al término de la manifestación, un grupo de jóvenes antifascistas se cruzaron con dos nazis. Justo, en ese momento, apareció una pareja de policías. La policía les acusa de agredirles tanto a ellos como a los nazis. Entre ese día, y los siguientes, fueron detenidos tres jóvenes por delitos contra los derechos fundamentales, lesiones y atentado. Este hecho, fue utilizado para tratar de criminalizar la protesta, con la tan manida figura del “radical antisistema” infiltrado, cayendo la propia Plataforma Pro Soterramiento en esta trampa. Pero esta supuesta agresión a dos nazis locales no se pueden entender como un hecho aislado sino que debe contextualizarse en una realidad en la que la presencia nazi agrupada, principalmente, en torno al colectivo Lo Nuestro, ha adquirido cierta visibilidad en la ciudad con sus recogidas y repartos de alimentos en las puertas de supermercados. Cuando dicha presencia ha sido respondida, las acciones policiales y judiciales no se han hecho esperar. Como en el mediático caso de la llamada “Intocable”, en el que un antifascista fue encerrado en prisión preventiva cuando el encontronazo ni generó heridas de gravedad, ni pasó a mayores. La sobreproteccion de la juventud fascista local es palpable, como, por ejemplo, cuando este mes de junio atacaron la manifestación del Orgullo LGTBIQ, agrediendo a decenas de personas con los palos de madera de las banderas de España que portaban, tras una concentración que realizaron en una zona próxima, y que desde los movimientos sociales locales se había solicitado su prohibición para evitar que sucedieran hechos similares. Este día tan sólo fueron sancionadas asistentes a la manifestación del Orgullo por no portar el DNI encima.

La organización y la respuesta contra la presencia de elementos fascistas y nazis en la ciudad debe ser asumida por el conjunto de las vecinas, acogiendo y defendiendo a quienes consiguen expulsar de las movilizaciones a estos elementos.

El muro que pretenden levantar es un disparate, una solución rápida y barata para conseguir traer el AVE antes de las próximas elecciones municipales y autonómicas, pero que se ha encontrado con una respuesta vecinal inusual pero proporcional al despropósito de separar a vecinas y servicios que se encuentran a escasos metros de distancia, obligándolas a recurrir a la circunvalación para esquivar los 9 km de muro. Como escribió la Asamblea de Gamonal en un comunicado de solidaridad: “Ningún muro debe separarnos; tenemos el derecho de vivir en territorios habitables, por más que se empeñen en hacer negocio a nuestra costa. Si las instituciones sirvieran al pueblo, le escucharían cuando protesta, pero en lugar de ello siempre tratan de dividirnos, calumniarnos y reprimirnos. Ahora bien, esa receta dictatorial no siempre funciona, y los murcianos y murcianas nos han refrescado la lección que nunca debimos olvidar: frente a la soberbia del poder, la lucha es el único camino”.

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