México: No empieza un mandato, comienza la resistencia

El 1 de diciembre Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), asumió la presidencia del Gobierno mexicano en medio de fuertes protestas en todo el país que repudiaban la vuelta del partido que había ostentado el poder desde 1929 hasta el 2000. Las movilizaciones contra Peña Nieto comenzaron ya en la campaña electoral, dando origen al llamado Movimiento Yo soy 132, iniciado en una universidad tras la visita del candidato del PRI, en el que al grito de “¡Asesino!” estudiantes recordaban al político su papel desempeñado en la sangrienta represión en Atenco, cuando ocupaba el cargo de Gobernador del Estado de México, en el que en un conflicto con los/as habitantes de la población que se negaban a la construcción de un aeropuerto en sus tierras, fueron asesinados dos jóvenes a manos de la policía y, de acuerdo con la Suprema Corte de Justicia existieron detenciones arbitrarias, torturas, abusos sexuales y violaciones a 26 mujeres, sin que, el ahora presidente, tuviese que afrontar responsabilidad alguna.

Tras esta acción en la Universidad, empezó a tomar fuerza el Movimiento Yo Soy 132, que en su primera asamblea declara que “El Estado ha contado ya su historia, el silencio nos quiere dotar de olvido, ese silencio hoy lo rompemos para recuperar la historia, nuestra historia, la historia de todos los mexicanos, esa historia de la cual somos partícipes, herederos y continuidad. No olvidamos los esfuerzos y las luchas de movimientos obreros y campesinos, el magonismo, el villismo, el zapatismo, el movimiento ferrocarrilero y el Movimiento Médico. No olvidamos los movimientos trascendentes de nuestra historia, la expropiación petrolera, el vasconcelismo, la lucha por la autonomía universitaria, la insurrección social armada en los años setenta. No olvidamos los procesos estudiantiles, ¡la defensa de los albergues del Instituto Politécnico Nacional en el ’58!, ¡los movimientos estudiantiles de Tlatelolco en el ’68! y ¡el Jueves de Corpus en el ’71! ¡No olvidamos tampoco la guerra sucia y sus desaparecidos!, ¡No olvidamos los presos políticos!, ¡las huelgas universitarias del ’86  y del ’99! México, tus hijos te estamos diciendo esto, somos herederos de los fraudes electorales del ’88 y del 2006, de las crisis económicas del ’82, del ’96 y del 2008, somos herederos del ¡levantamiento armado del zapatismo!, ¡de la matanza de Acteal!, ¡de los impunes feminicidios en Ciudad Juárez, Chihuaha! y ¡principalmente en el Estado de México!. Hemos de alzar nuestra voz en este momento, ¡Sí!, ¡somos herederos de las represiones en Atenco y en Oaxaca en el 2006! (…) ¡somos la indignación ante la brutal fuerza del Estado!, ¡somos la indignación ante la guerra contra el narcotráfico y sus más de setenta mil muertos!. ¡Toda esta historia somos nosotros!, ¡justicia pedimos!, ¡justicia pedimos!, ¡por que éste es nuestro movimiento y vamos a luchar por ella hasta que se haga justicia!, ¡justicia!, ¡justicia!

Toda esta historia hoy la reivindicamos y la revivimos, la revivimos en el vendaval de este movimiento, hoy decidimos y decimos ser 132, ser historia y ser la conciencia mexicana, !no olvidamos y reiteramos desde nuestra conciencia!, !hoy y siempre somos 132!.

Los sucesos del 1 de Diciembre.

Las protestas fueron en aumento durante toda la campaña electoral, impulsadas por el movimiento #132 y se redoblaron tras las acusaciones de que fue mediante el fraude electoral y la compra de votos como Peña Nieto logró hacerse con la presidencia, siguiendo con la tradición de pucherazos electorales que su partido llevaba desde sus orígenes realizando.

En los días previos a la investidura de Peña Nieto, el Congreso de los Diputados fue rodeado por vallas metálicas de tres metros que pretendían hacer inexpugnable el edificio, aislándole de las previsibles protestas que se esperaban para esa fecha. Ya en la madrugada de ese día, filas de policía protegían el perímetro del Congreso. Antes de que se acabase la noche, se produjeron los primeros ataques contra los cordones policiales respondidos con una brutalidad policial que enfureció a los/as manifestantes que redoblaron sus ataques. Piedras, palos, molotovs, frente a gases lacrimógenos, balas de goma (prohibidas en México) y cañones de agua. Tras varios intentos de romper el cerco al Congreso, los enfrentamientos con la policía se extendieron por todo el centro de la capital mexicana, dejando multitud de comercios, bancos y hoteles de lujo atacados, 92 detenidos/as y 105 heridos/s, encontrándose uno de ellos/as en estado de coma inducido, con un respirador artificial, y habiendo perdido otro un ojo por el impacto de una pelota de goma.

Ante la fuerza y determinación demostrada por los/as manifestantes la represión estatal no se hizo esperar y 70 detenidos/as son ingresados/as en prisión, siendo liberados nueve días después 56 de ellos/as al demostrarse que no habían participado en los disturbios y quedando en el momento de escribir estas líneas catorce personas encarceladas desde hace 23 días.

Hay que señalar que, pese a que la presidencia del Gobierno estuviese en manos del PRI, quien dirige a las fuerzas policiales en la ciudad de México es el Partido de la Revolución Democrática, partido de izquierdas al que hay que hacer responsable de la brutalidad policial desplegada el 1 de diciembre, de las detenciones aleatorias y de las torturas a los/as detenidos/as, que según ha denunciado la Comisión de DD.HH. del Distrito Federal consistieron en golpes a los detenidos y choques eléctricos.

Comienza la caza de brujas.

Inmediatamente después de producirse los enfrentamientos, la maquinaria propagandística del Estado, con la ayuda de los medios de comunicación que lograron alzar a Peña Nieto al poder, se pusieron manos a la obra para imponer una versión de los acontecimientos que ocultara que desde el primer día de gobierno la oposición al Presidente estaba ya generalizada. Ansiosos por negar que la respuesta violenta fuese obra de los/as trabajadores/as, estudiantes, miembros del #132, hartos/as de la represión y de la brutalidad policial, el Estado no tardó en encontrar un chivo expiatorio al que hacer responsable de la protesta: el anarquismo. Así, empieza a circular, primero en forma de rumores oficiosos y luego en comunicados oficiales, noticias que achacaban la violencia a la Cruz Negra Anarquista, un grupo con presencia internacional de apoyo a presos/as y por la abolición del sistema carcelario, y a la Alianza Anarquista Revolucionaria, un conglomerado de grupos de afinidad libertarios.

Las distintas reacciones a la caza de brujas no se hicieron esperar, y nos recuerdan bastante a las sucedidas en Madrid tras los hechos del Rodea el Congreso del 25-S. En México, algunos grupos optaron por la criminalización de los/as que, ante la brutalidad policial, optaron por responder con contundencia acusándoles de infiltrados/as y de ajenos/as al movimiento de protesta que ellos/as creían tener monopolizado. Si bien parece cierto (y hay multitud de pruebas fotográficas que lo demuestran) que hubo provocadores/as policiales, también lo es que pronto la provocación se les fue de las manos al no esperarse que tanta gente optara por el ataque a la policía y a todo lo que simbolizara lujo y ostentación en el centro de una ciudad en el que convive la pobreza y la indigencia con la riqueza más opulenta. Negar que la violencia también puede provenir de los/as nuestros/as y acusar de provocadores/as e  infiltrados/as a los/as que en algún momento optan por la respuesta activa a la represión, como hace unos meses declaró en Madrid un portavoz de la Coordinadora 25-S, demuestra una gran miseria moral, cuando no un preocupante desconocimiento de la realidad.

Un posicionamiento bien distinto tuvo la Red Contra la Represión y por la Solidaridad, que en un comunicado titulado ¡Hoy, todos somos anarquistas! , sostenía que “Además de expresar nuestra solidaridad y reconocimiento con quienes supieron decir NO en las calles, queremos compartir una reflexión: ha llegado el momento, frente a la soberbia oscura del poder, de transformar la realidad de la seguridad, de la organización,  de la conciencia, de movilizarnos con una contundencia y eficacia mayores. Sigamos el ejemplo de la organización y  de la fuerza de las comunidades zapatistas. Ahora lo políticamente correcto es deslindarse de los que realizaron la acción del 1 de diciembre, la Red Contra la Represión y por la Solidaridad (RvsR), no tan sólo no lo hace sino que reivindica su enojo y su rabia. Los manifestantes habían iniciado el día, expresando su descontento contra el nuevo presidente del gran capital nacional e internacional. La policía federal, el estado mayor presidencial y la policía de la Ciudad, violando la ley, se los impidieron y en cambio les lanzaron agua, gas pimienta, balas de goma y, con rifles, granadas que, en lugar de ser lanzadas al aire, se apuntaron al cuerpo de los manifestantes, de la misma forma que lo hicieron en San Salvador Atenco con Alexis Benhumea, ahora las granadas de los mismos asesinos de Alexis, han tocado a nuestro compañero Francisco Kuy Kendal, integrante de la Otra Campaña, para quien demandamos justica y castigo a los responsables”.

Los grupos anarquistas criminalizados, a pesar de afirmar que entre los/as muchos/as presos/as no había ninguno/a de sus organizaciones, mostraron su apoyo a los/as represaliados/as mientras negaban ser los organizadores de la protesta, afirmando en un comunicado de la Alianza Anarquista Revolucionaria que “Las tácticas de autodefensa que  derivaron de la embestida policial con su desmedido uso de la fuerza así como las acciones de sabotaje que tuvieron lugar, en ningún momento fueron premeditadas por los anarquistas o cualquier otra organización, mismas acciones dan cuenta de la frustración que distintos sectores  muestran ante la desesperanza que permea  en la clase trabajadora cuyas condiciones se encuentran permanentemente pauperizadas. Reconocemos que las acciones de sabotaje y  la confrontación directa contra las fuerzas policiacas como legitimas medidas de defensa que se desarrollaron en el curso de la manifestación de manera espontanea, fueron un recurso empleado por el conjunto de organizaciones convocadas e incluso respaldadas por las personas que transitaban por el lugar igualmente desesperanzadas por las agónicas condiciones de existencia”.

Mientras, la Cruz Negra Anarquista afirmaba que “Para nosotros, la violencia se origina en el sistema político y en el Estado, que nos intenta someter mediante sus instrumentos de control social, y en el sistema económico que nos despoja de la capacidad de tener una vida digna y nos explota mediante la apropiación de nuestro trabajo. Esta es la violencia originaria y ante ella siempre será legítimo organizarnos. Los verdaderos terroristas son aquellos que con su acción o su silencio cómplice, han sumido a este país en una guerra sin sentido, llenando las ciudades de miedo y muerte, persiguiendo y criminalizando la pobreza y asesinando a quien se organiza y se atreve a plantar cara”.

Desde estas líneas mandamos todo nuestro apoyo a los/as compañeros/as mexicanos/as. Como siempre, ¡Arriba los/as que luchan!

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