Llorar en silencio a nuestros muertos

Llorar en silencio a nuestros muertos. Sufrir la pérdida en la soledad del encierro. Dejar para después el abrazo sanador, contención de la pena, sostenedor del lamento. Y nos dirán “has de ser responsable”. No es tiempo de ritos funerarios, el culto a nuestros muertos debe privarse de la acción colectiva. Dejar para más tarde lo inmediato para sanar el alma.

Los seres humanos practicamos el duelo, desde épocas inmemorable, con rituales,  ceremonias llenas de significado que estructuran las relaciones sociales internas de la comunidad dando sentido a la existencia y la identidad del grupo humano. Despedirse, comprender la pérdida, llevar a cabo el duelo, el rito funerario, el velatorio, el entierro o crematorio, es un gesto de gratitud y reconocimiento para los vivos. Cuando no disponemos de tal ceremonia la muerte se presenta aún más dolorosa si cabe. Y hoy son miles nuestros muertos que se van sin celebrarlo. Hoy, miles de personas lloran en silencio, es un sacrificio “menor” que la sociedad debe hacer para un bien mayor. ¿Cuántas personas, cuántos ancianos, se nos han ido en soledad? Nos han arrebatado lo más noble y digno. A los muertos, y a los vivos. Y nada, por más que se empeñen en explicar, reparará eso. Habrá que aprender a vivir con ello. Habrá quienes de forma más rápida, más ligera sellará el pozo en algún rincón de su ser, y habrá quienes no podrán esconderlo por más esfuerzos que hagan. Habrá quienes necesiten ayuda profesional y habrá quienes carguen solos con ello. Habrá quienes intente por todos los medios hacer un funeral, por videollamada o por redes sociales, teatralizando lo negado, habrá quienes acepten el hecho como lo “normal”, lo que corresponde.

Si lo que te lleva no es la propia enfermedad Covid-19, las posibilidades de poder acompañar al ser querido son más reales. Pero si el ser querido está internado por Covid-19 nadie podrá acompañarle, ni familiares, ni amigos. Nuestros seres queridos se mueren solos.

En Madrid el Colegio de Psicólogos puso a disposición de la comunidad un servicio gratuito para atender a personas que necesiten atención psicológica tras el fallecimiento de un ser querido. La iniciativa empezó a funcionar el 21 de marzo, pocos días después del decreto de Estado de Alarma, con más de cien voluntarios. Recordemos que el voluntariado aquí hace un doble esfuerzo, por un lado, aquellos que conservan su trabajo añaden horas a su jornada laboral, pero no salario, y aun más grave, aquellos que, o bien se han quedado sin trabajo o bien están en busca del mismo, se ven forzados por la iniciativa a entregar sus conocimientos de forma totalmente gratuita, siendo que mucho no tienen que comer. Así mismo otras ONG como Cruz Roja se han sumado a esta iniciativa voluntaria cuando en su foro interno, dentro del sector de psicología en emergencia, las quejas y complicaciones por no poder acceder a un puesto de trabajo están a la orden del día. Así todo los profesionales de la salud mental se vuelcan en esta y otras iniciativas similares, ellos más que nadie, saben que el hecho de no poder despedirse del ser querido, de no poder estar acompañados durante el duelo, podría derivar en lo que se conoce como un «duelo patológico», es decir sumar aún más sufrimiento al dolor de por sí natural de la pérdida de un ser querido.

De la misma manera las funerarias cuentan con estos servicio para, en primera instancia, parecer más humanas. Recordemos que algunas empresas funerarias -principalmente las que dominan el mercado- han aprovechado el caos de la emergencia del COVID 19 en sus primeros días, para aumentar los gastos de sus servicios, lo que llevó al Gobierno decretar su congelación para que ninguna de estas empresas especule con la muerte.

La norma del Gobierno de prohibir los funerales se sustenta en la idea del contagió, a saber, el pueblo de Hero en La Rioja, se convirtió en el primer y mayor foco de contagios tras un funeral con más de 60 personas, de las cuales se calcularon más de 30 contagios dos semanas antes de decretarse en Estado de Alarma. De este modo, privados de los últimos momentos de estar con nuestros seres queridos, las enfermeras quedan como única y última compañía. Howard Catton, director general del Consejo Internacional de Enfermeras (CIE), ha declarado ante el Consejo General de Enfermería que “la situación actual de la pandemia del Covid-19, en el mundo, hace que sean las enfermeras las encargadas de despedir en soledad a muchas de las víctimas causadas por esta enfermedad”. Son ellas las que cargan con esta difícil y triste situación. Son ellas, unas “desconocidas” el vínculo más cercano entre los que se van y los que quedamos.

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