El juez y el historiador. Acotaciones al margen del caso Sofri

Autor: Carlo Ginzburg. Editorial Anaya. Madrid, 1992. 176 páginas.

Como ya sabréis, este año nos dejó el grandísimo dramaturgo italiano Darío Fo. Hace unos meses reseñamos su inmortal Muerte Accidental de un Anarquista, obra que se inspiró en la muerte de Giuseppe Pinelli en 1969. Es conocido, gracias a la obra de Fo, que Pinelli, un activista anarquista, fue detenido acusado de colocar una bomba en la Piazza Fontana de Milán (más tarde se descubriría que había sido una acción llevada a cabo por fascistas). Tras tres días de interrogatorios, vulnerando la ley italiana, Pinelli murió al caer de una ventana del cuarto piso de la comisaría. De acuerdo con la policía fue un desmayo, de acuerdo con toda la izquierda y el movimiento autónomo de la época, un asesinato.

Lo que no es tan conocido es que en 1972 el inspector de policía Luigi Calabresi fue asesinado en las calles de Milán. La identidad de los/as autores/as permaneció un misterio, hasta que en 1988 Leonardo Marino, un antiguo militante del colectivo izquierdista y autónomo Lotta Continua (Lucha Continua) convertido en pentito (arrepentido), declaró – supuestamente de forma espontánea – ante los carabinieri que había participado en la acción e involucró a otros compañeros de la formación.

Carlo Ginzburg, reputadísimo historiador especializado en estudiar juicios de la inquisición y de cazas de brujas, amigo personal de Adriano Sofri, acusado por Marino de ser el autor intelectual del asesinato, estudia en el presente ensayo todo el juicio por la muerte de Calabresi. Con la precisión de un cirujano desmenuza los miles de folios de declaraciones, analiza las increíbles contradicciones entre los testigos y de Marino consigo mismo y llega a una conclusión difícil de rebatir: Marino actuó motivado por necesidades económicas y fueron los carabinieri quienes prepararon su supuesta declaración espontánea.

El texto resulta ser uno de los ensayos más frustrantes que te puedes leer. La impotencia que se siente al comprobar que todo el entramado policial y judicial persigue a estos antiguos militantes por sus ideas políticas y por la incidencia que han tenido en el pasado dan ganas de llorar. La evidencia de las mentiras que cuenta Marino indignan a cualquiera y no resulta difícil trazar paralelismos con los actuales casos antiterroristas que siguen abriéndose en la actualidad.

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