Haciéndolo en el parque: la cultura del streetball

Los mejores recuerdos de mi vida los tengo de las canchas de baloncesto de las calles de Harlem”. Estas palabras pertenecen a Kenny Smith, exjugador de la NBA. A pesar de haber jugado durante 10 temporadas en la mejor liga del mundo, dice que nunca se lo ha pasado tan bien como en la calle. Es una sensación que podemos entender: al fin y al cabo el ambiente que se vive en las canchas al aire libre es insuperable.

Las palabras de Smith las pronuncia en el documental Doin’ it in the Park (Haciéndolo en el Parque), un filme de Bobbito García y Kevin Couliau de 2013 sobre el basket callejero en Nueva York.

El documental salta de un tema a otro con la velocidad de un jugador recorriendo la cancha esquivando defensores/as y aborda cuestiones tan variopintas como los motes de los/as jugadores/as (los/as jugadores/as más respetados/as del barrio tienen motes, que por supuesto no se pueden poner ellos/as mismos/as, sino que se lo tienen que ganar) o el vestuario (“to play good, you’ve to look good”).

dr jEl eje central de la película son los barrios. Grabado en las canchas de Harlem, Brooklyn y el Bronx, sus anónimos habitantes son las/os protagonistas. Puede haber diez jugadores/as sobre la pista jugando (y otras/os veinte en los laterales, esperando su turno), pero son decenas o centenas las/os vecinas/os que bajan a mirar el show. Se bajan unas sillas plegables, algo de comida y unas cervezas y se pasan el día viendo partidos. Y el espectáculo está garantizado, porque hay calidad de sobra. De hecho, en el documental varios jugadores profesionales cuentan que se han topado con algunos de sus rivales más duros en los parques de Nueva York.

Y es esto mismo lo que queremos reivindicar en este artículo: un deporte popular, no profesionalizado y enraizado en la comunidad. No hace falta pagar 30 euros para sentarse en un asiento de plástico de un estadio con comida a precios prohibitivos para ver a un un grupo de personas jugando a 80 metros de distancia para disfrutar del deporte; si te organizas, lo puedes hacer en el parque de tu barrio. Hace un año y medio, la Liga Cooperativa de Baloncesto de Madrid fue entrevistada por este periódico y expresaron un deseo parecido al nuestro: “En este sentido, considerando que debemos empoderarnos de nuestros barrios y de nuestro ocio, otra de nuestras inquietudes era fomentar un deporte diferente al que estamos habituados, es decir, generar un nuevo paradigma acorde a nuestras inquietudes y necesidades donde se fomentaran los verdaderos valores del de­porte. Luego, poco a poco, gracias a la participación de lxs que se apuntaron a la Liga y acudieron a las asambleas fuimos creando el formato, las normas y adquiriendo un sustento mayor. Actual­mente no es sólo una vía para jugar al baloncesto sino un proyecto más amplio que pretende generar una alternativa de ocio basada en la práctica del deporte de una forma saludable y solidaria y en la participación activa, la autogestión y la gratuidad”.

Por supuesto, la vida en el barrio afecta a sus habitantes a todos los niveles. Tal es el caso de Richard “Pee Wee” Kirkland, una de las personas entrevistadas en el documental. Pee Wee, que parece ser que fue el inventor del cross-over (fintar hacia un lado para luego cambiar radicalmente de sentido) tenía todas las papeletas para acabar en la NBA, pero en vez de ello acabó en la cárcel. “El barrio me devoró. Acabé vendiendo crack y metiéndome en líos”, relata luciendo una sonrisa en la que faltan muchos dientes.

ruckerCon gran nostalgia, las personas entrevistadas recuerdan las décadas de los 70 y los 80. Había más delincuencia y represión y nadie tenía trabajo pero el barrio estaba más unido que nunca y toda la vida se desarrollaba alrededor de las canchas. Cientos de personas se arremolinaban todos los días a su alrededor para ver partidos que podían durar ocho o diez horas, y se celebraba como un triunfo colectivo cuando uno de sus chavales llegaba a la liga profesional.

El documental de Doin’ it in the Park también nos muestra algunos de los puntos más negativos del streetball. A la cabeza de la lista habría que situar el machismo cotidiano imperante en las canchas. Como relata una de las mejores jugadoras de Nueva York, apodada “The Model” (“La Modelo”), “siempre me tratan diferente por ser una chica. Algunos tíos juegan más flojo porque soy mujer, y otros juegan más duro que nunca porque soy mujer. Nunca es igual. Pero luego siempre pasa lo mismo: empiezo a botar el balón, les vacilo, meto canastas y les gano. Y se van especialmente humillados porque han perdido contra una chica”. En segundo lugar, hay que criticar la competitividad excesiva con la que se juega, buscando en muchas ocasiones humillar al rival. Aunque, curiosamente, a pesar de que hay una alta dosis de agresividad verbal e insultos por doquier, nunca se llega a las manos (“es parte del juego, cuando acabamos nos damos la mano y volvemos a ser colegas”). Y, por último, el filme evidencia la absoluta adicción y dependencia de las grandes marcas que tienen los jugadores (“aquí hay que venir con unas zapatillas de Nike o And1 para que te respeten”). Las canchas son, al fin y al cabo, un escaparate testosterónico. Hay que lucir bien e intentar ganar al resto de la forma más humillante posible para ganarse el respeto de las/os vecinas/os. Pero cuando te lo ganas, te sientes el rey o la reina del mundo. O de Harlem, que es casi lo mismo.

Courts of the World: Mapa de todas las canchas del mundo

¿Quieres poder echar unas canastas allá donde viajes? Entonces te recomendamos la página www.courtsoftheworld.com. Esta página básicamente contiene un mapa de Google Maps en el que cualquier persona puede indicar las canchas que conoce y otorgarles una puntuación.

Según la página, Madrid es la ciudad del Estado español con más pistas (90) y las tres más valoradas se encuentran en Barcelona (que tiene 73 canchas).

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