Standing Rock: La resistencia de los/as Sioux

No nos suele pasar, a nosotros/as no, a los/as que buscamos una sociedad más justa, una integración con el entorno más equilibrada, unas relaciones personales más sanas, los/as que enfrentamos con uñas y dientes alguna de las injusticias de este mundo no estamos acostumbrados/as a ganar, la victoria nos sabe rara, nos pilla desprevenidos/as y nos deja con la sensación de que no durará mucho. Por eso debemos aprender a saborearla, a disfrutar cada pequeño detalle y a extraer cada pequeña lección sobre lo que se hizo bien para volver a aplicarlo en la próxima lucha.

Este caso nos pilla lejos geográfica y culturalmente pero nos sentimos cercanos/as a cualquiera que pelee por su estilo de vida y el territorio que habita en contra de empresas o instituciones depredadoras que traten de explotarlo o contaminarlo.

Durante varios meses, varias tribus norteamericanas y diversos apoyos, encabezados por la reserva Sioux de Standing Rock han estado protestando contra un nuevo proyecto de oleoducto en Dakota, el cual transportaría el crudo desde los pozos de extracción de Bakken en Dakota del Norte (en la frontera con Canadá) hasta las refinerías de Illinois. Las miles de personas que han acampado allí para oponerse a la construcción argumentan que este profanaría las tierras sagradas de los Sioux además de suponer un riesgo ya que un derrame o fuga contaminaría permanentemente el río Missouri que sirve como fuente de agua potable y de consumo principal para la reserva y para casi un millón de personas, de ahí que los/as acampados/as se llamen a sí mismos/as “guardianes/as del agua”.

A pesar de la oposición de la tribu desde el primer momento que supieron del proyecto, en julio de 2016 el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos autorizó que el oleoducto cruce el Lago Oahe y transcurra a menos de un kilómetro del límite de la reserva. Las leyes federales obligan a consultar con la tribu en este tipo de circunstancias pero tanto el gobierno como las empresas interesadas han recurrido a “tretas” al dividir el recorrido en pequeños tramos que no alcanzan la magnitud suficiente para realizar un estudio de impacto ambiental como deberían hacer si considerasen el proyecto en su totalidad.

Desde que comenzó la campaña miles de personas se han acercado a apoyar las protestas y los campamentos de las reservas han crecido en número de habitantes y en actividad, con más de cien tribus representadas. La logística necesaria para dar alojamiento, comida, asistencia médica, seguridad y demás servicios a tanta gente ha supuesto un gran reto para las tribus anfitrionas pero también es un gran experimento de autoorganización y de convivencia, se han organizado campañas de solidaridad por internet y envíos de comida y suministros desde todo Estados Unidos, ante lo cual las autoridades tomaron y bloquearon el principal puente que da acceso a los campamentos alegando cuestiones de seguridad.

Las manifestaciones contra el oleoducto han sido mayoritariamente pacíficas, el mayor nivel de violencia que han denunciado las autoridades son el uso de drones para grabar sus actuaciones y de punteros láser. Ante esto los uniformados han respondido con cañones de agua (con una temperatura ambiente que llega a los -2ºC), uso de perros guardianes que en ocasiones han llegado a morder a manifestantes y los ya de sobra conocidos sprays de pimienta, gases lacrimógenos y balas de goma. Algunos/as de los/as detenidos/as fueron marcados con números y encerrados en jaulas de perros.

El 25 de noviembre el Cuerpo de Ingenieros junto con el gobernador del Estado lanzaron un ultimátum según el cual los campamentos debían ser desalojados antes del 5 de diciembre. Pero esta acción tuvo el efecto contrario al deseado: la campaña en redes sociales se intensificó y más de 4.000 nativos americanos, 2.000 veteranos de guerra y todo tipo de solidarios/as acudieron a la llamada para enfrentar el desalojo. La noche del 4 de diciembre, mientras una fila de coches de 4km esperaba para entrar en el campamento, la noticia se difundía, el Cuerpo de Ingenieros había decidido explorar nuevas rutas y por tanto denegar el permiso para la construcción del tramo que cruza por las tierras sagradas y atraviesa el río Missouri, obligando además a la realización de un informe de impacto medioambiental.

Parece que la administración Obama, ante la victoria de Trump, está tomando ciertas decisiones “progresistas” de última hora antes de dejar el poder, renunciar a su derecho a veto en una resolución contra Israel de la ONU, cosa que siempre había hecho hasta ahora, cerrar un sistema de registro de musulmanes o prohibir las exploraciones petrolíferas en el Atlántico y el Ártico son algunos ejemplos.

La pregunta ahora es qué hará el presidente electo Trump cuando llegue al poder visto que sus declaraciones han sido siempre favorables a la construcción del oleoducto y que sus relaciones con la empresa constructora son más que buenas en forma de acciones y donaciones a la campaña del futuro presidente.

Por ahora los/as guardianes/as del agua disfrutan la victoria y se preparan para el frío invierno y para futuros enfrentamientos con una desconfianza instintiva a los “avances” del hombre blanco que no les han supuesto más que desgracias en los últimos siglos.

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