Reforma Educativa: ni fú ni fá

Han pasado 6 años desde que se aprobara la LOMCE, la ley educativa vigente hasta ahora. Parece que se nos haya olvidado quien fue Jose Ignacio Wert y la continuidad que le dio al desmantelamiento de la enseñanza pública por la vía de reducir su presupuesto, aprobar la LOMCE y los primeros intentos de instalar el sistema de 3 años de Grado y 2 de Máster.

Eran tiempos de ebullición del 15M y su cristalización en nuevos movimientos sociales como la Marea Verde o Toma La Facultad. Una conflictividad a nivel estudiantil que se mantuvo potente hasta 2016 de donde surgieron movilizaciones y huelgas generales educativas masivas que no consiguieron frenar las intenciones del Gobierno, pero que desde luego hicieron daño y dejó muy debilitado al Ministro de Educación.

Las demandas eran, a grandes rasgos, contra los procesos de mercantilización de la enseñanza, por una mayor inversión y el aumento de la calidad educativo como consecuencia de las mejoras laborales para las trabajadoras de la enseñanza. Probablemente nada de esto esté reflejada en la nueva ley que sustituye a la LOMCE e impulsada por PSOE y Unidas Podemos, la LOMLOE. Una ley que tratan de vender como “el fin de la LOMCE”, y así es porque dejará de estar vigente, pero con lo que no acaba es con la dinámica mercantilizadora y los problemas estructurales de la educación en España. Es, en el mejor de los casos, una ley que vuelve a ciertos límites que la LOMCE y el anterior gobierno habían traspasado.

Limitando la Concertada

Lo más polémico ha sido cómo afecta esta nueva ley a la enseñanza Concertada, que no es más que centros privados pagados con recursos públicos. La Concertada es una anomalía respecto de los sistemas de enseñanza de los países de nuestro alrededor. Lo general es que exista un fuerte sistema público donde acceden la inmensa mayoría de estudiantes y una alternativa privada normalmente de carácter fuertemente elitista. En España en los años 80, ante la falta de infraestructuras y medios para desarrollar un sistema público de enseñanza a la altura de las necesidades y el poder de la Iglesia Católica, se optó por los “conciertos” para que iniciativas no públicas, pero con su garantía, llegaran allá donde las escuelas del Estado decían no llegar.

La Concertada no funciona como un elemento cohesionador y de igualdad, si no que parte y profundiza determinadas desigualdades estructurales.

Esto se ha transformado en un volcado de recursos públicos a instituciones privadas que actúan sin responder de la manera en la que tendría que responder uno público. Casos de cuotas abusivas, influencia mayoritaria de la Iglesia y diversas corrientes internas o segregación de sexos son algunas de las realidades de la Concertada. Al que habría que añadir una segregación más sutil atravesada por la raza y la clase. Es decir, la Concertada no funciona como un elemento cohesionador y de igualdad, si no que parte y profundiza determinadas desigualdades estructurales.

La LOMLOE se propone cuestiones tan simples como no ceder terrenos públicos para la construcción de centros concertados, la prohibición de cuotas mensuales y la prohibición de actividades extraescolares en horario escolar, que venía a ser la excusa de los centros para cobrar cuotas económicas a las familias. No hay un desmantelamiento de la educación concertada, simplemente una limitación ante determinados aspectos abusivos.

Educación Especial

Otro apartado polémico es el de la supuesta eliminación de la Educación Especial. De nuevo, muchos centros concertados se han valido de la carencia de este tipo de centros en la red pública para colonizar este espacio educativo. La nueva ley se propone incluir a las alumnas de estos centros dentro de los centros públicos ordinarios bajo un currículum y atención especializada. El objetivo es acabar con esa segregación y dar pasos hacia la inclusividad. Los empresarios de la enseñanza ven esto como una amenaza a su modelo de negocio.

La derecha movilizada

Las señas de identidad de la derecha española son bastante básicas. Ahora hacen bandera por la “libertad educativa” cuando realmente lo que expresan es “libertad de empresa”, “fomentar el negocio da la educación” o “no quiero que mis hijos se junten con esos”. La libertad educativa se sustenta en los derechos laborales, los equipamientos en los centros, la igualdad de oportunidades, la libertad de cátedra, la financiación sin contrapartidas o la experimentación pedagógica. Nada que ver con los reclamos de una derecha que desearía la vuelta de los curas al mando de la enseñanza.

Cuando la Marea Verde se movilizaba masivamente y chavales de todas las edades acudían a las movilizaciones, el lema de la derecha era “contra el adoctrinamiento en las aulas”. Cuando la comunidad educativa de diversos territorios se moviliza en defensa de su lengua catalana, vasca o gallega, la derecha sale de nuevo con el “adoctrinamiento”. Mientras, vemos los centros concertados parar su actividad y obligando a sus alumnos a realizar actividades y performances contra la LOMLOE.

¿Y la izquierda?

Si bien esta ley no introduce ninguna novedad que atente contra derechos básicos, desde luego no es la ley por la que los movimientos y las Mareas han peleado años. No supone ningún punto de inflexión respecto de las anteriores legislaciones, es una continuación rectificando cosas muy concretas. Algo tan básico como bajar los ratios de alumnas por aula no se ha hecho.

Desde los movimientos estudiantiles y sindicales no ha habido casi contestación a esta ley. Tampoco ha habido una ovación. Más bien mero silencio. Lo que nos muestra un momento de gran debilidad de estos movimientos, ya que en los momentos en los que se debate una ley que te afecta directamente estas agrupaciones deberían tener algo que decir, aportar o criticar.

Al final esta ley es muy PSOE. Alterar a la derecha con cuestiones identitarias suyas para parecer que haces políticas de izquierdas, pero en realidad dejar todo bastante como estaba y no tener la voluntad ni ambición que haga de la educación un bien común, universal y emancipador.

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