Los Miserables

Director: Ladj Ly. 2019. Drama social. 102 min.

Filme francés ampliamente galardonado en diversos reconocimientos en el mundo del cine, o nominado en premios que se entregarán a principios del nuevo año. Su narración reconcilia al cine social con una mirada desde lo políticamente incorrecto que hace saltar por los aires los límites moralistas. Las escenas incendian la pantalla, el montaje acompaña perfectamente esa exaltación, y sus diálogos se llenan de certeza y de vida. Cine comprometido, que rebasa una concepción panfletaria inexistente, y se adentra en el conflicto social recreando la realidad de los miserables de hoy en día.

La narración se centra en las actividades de la autodenominada Brigada de Lucha contra la Delincuencia de Montfermeil, un suburbio al este de la ciudad de París. Durante un día completo el policía recién trasladado al distrito, Stéphane, conoce a sus nuevos compañeros, Chris y Gwada. Rápidamente descubre por qué la policía es detestada en un barrio donde los distintos grupos organizados tratan de controlar el territorio.

La violenta realidad de los suburbios franceses presentada sin miramientos, en dosis única y desde la mirada migrante. El otro bando no existe, la vida o la muerte queda separada por una verja metálica que delimita una pista de fútbol como espacio de socialización de los niños, bien conocedores de la brutalidad policial. El miedo estalla no en grito de rabia, sino en una salvaje pero no desproporcionada revuelta de la juventud contra todos los que les negaron su propia existencia. Pura adrenalina cinematográfica de este director negro, que se estrena en el mundo del cine con una primera obra que se sale de las críticas convencionales.

Los miserables que describía Víctor Hugo en su novela del siglo XIX no son un colectivo de aires románticos y cuestión del pasado, son la realidad aplastante del ahora. Cada tiempo histórico tiene sus miserables, aquellos llamados a no querer seguir siendo esclavos toda la vida, por lo que esta película se hace completamente necesaria para reconocer a los nadies del siglo XXI, tan lejos y a la vez tan cerca de nuestra vida. Un pequeño disparo al corazón del sentir racista y clasista de nuestras sociedades.

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