Parques, piedras y fango: el papel de los medios en el tratamiento de las luchas

Estas líneas no pretenden ser un análisis de lo ocurrido en suelo turco. Este texto pretende sacar a la luz la manipulación intrínseca que constituye a los medios de comunicación burgueses cuando se analizan conflictos que acontecen dentro de nuestras fronteras y cómo son tratados cuando, hechos muy similares, ocurren en otros contextos. En otras palabras, pretende mostrar como los medios de comunicación bailan el agua y están supeditados al poder político/capital. Para ello estableceremos una comparativa entre el trato que empleó la prensa con(tra) la lucha del Forat de la Vergonya y el tratamiento ofrecido al conflicto que sacudió la plaza Taksim y otros lugares de Turquía meses atrás. La comparativa se vuelve oportuna cuando entendemos que tras ambos conflictos subyace el mismo hecho, una lucha vecinal propiciada por la constante tensión entre los intereses del capitalismo y los intereses de los/as propios/as habitantes del lugar en cuestión.

Para aquellos/as que no lo recuerden, la lucha del Forat de la Vergonya (Agujero de la Vergüenza) tuvo lugar hace apenas poco más de diez años en la ciudad de Barcelona. El Pou de la Figuera, que así es como aparece oficialmente en el callejero, es popularmente conocido como el “Forat de la Vergonya” y se trata de una zona situada en el barrio de Sant Pere, en pleno centro histórico de la ciudad. Este espacio se convirtió en un solar desierto debido a los masivos derribos que emprendió el Ayuntamiento de la ciudad, a consecuencia del nuevo plan de trasformación y ordenación urbana. Los derribos y expropiaciones ilegales por parte Ayuntamiento fueron justificados con la intención de dotar al barrio de una zona “verde”, pero lejos de esta realidad, el terreno fue recalificado y repensado como espacio en el que construir plazas de parking privado con el que llevarse una buena tajada. Es ante este hecho cuando los/as vecinos/as empiezan a movilizarse con la intención de intervenir en un área que les pertenece, surge entonces la Asamblea del Forat. Será así, entre los escombros, donde florezca una de las luchas vecinales más fructíferas contra la especulación urbana. Los/as propios/as vecinos/as decidieron tomar el terreno y construir en él un vergel (con árboles frutales, huerto comunitarios, bancos, escenario, canchas para practicar deporte, espacio para juegos infantiles…) en medio de la gran urbe; en definitiva, construyeron un espacio autogestionado concebido para ser practicado por la gente, un espacio de sociabilidad y reunión. Todo este ejemplo de autogestión e iniciativa vecinal acaba cuando el ayuntamiento, bajo el pretexto de unas catas arqueológicas, manda a sus perros a desmantelar el parque, lo que termina con la detención de dos personas y la construcción de un muro perimetral de bloque de hormigón. Los/as vecinos/as reaccionan, buscan apoyos y convocan una manifestación multitudinaria apenas diez días después, que acaba con la detención de otras personas y con una simbólica acción: el derribo, por parte de los/as propios/as manifestantes, del recién bautizado “muro de la vergüenza”.

A continuación recogemos algunos fragmentos de distintos artículos que ocuparon las páginas de los principales periódicos del Estado español ante los hechos ocurridos en dicha manifestación: “actos violentos protagonizados por jóvenes de grupos antisistema causaron destrozos” (El País, 6 de octubre de 2006); “Radicales antisistema aprovechan una manifestación popular para protagonizar disturbios en el centro de Barcelona […]Los antisistema se dividieron en dos grupos y una parte de ellos se desplazó hacia la calle Portaferrissa, lanzando objetos y piedras contra los comercios y formando barricadas” (20 minutos, 6 de octubre de 2006); “manifestantes encapuchados […] alborotadores que atacaron a los Mossos” (El Mundo, 3 de mayo de 2011).

Una vez visto lo visto, ahora copiamos diversas partes y titulares que los mismos medios han utilizado para informar sobre el conflicto turco: “Miles de personas […] Numerosos participantes en la marcha se han vuelto a agrupar en los alrededores y han empezado a gritar consignas contra la policía, que ha respondido con nuevas descargas de gas tóxico […] La multitud pretendía rendir homenaje a un manifestante que recibió un disparo en la cabeza” (20 minutos, 17 de junio de 2013); “Erdogan carga contra los manifestantes […] excesiva violencia policial, la Policía empleó cañones de agua, gas pimienta y cargó con sus porras para desalojar a los manifestantes, lo que provocó la indignación de la opinión pública” (El Mundo, 3 de junio de 2013); “Cientos de policías antidisturbios intentaron en varias ocasiones a lo largo de la jornada desalojar la plaza de Taksim, que cada día desde el 1 de junio ha sido ocupada por miles de jóvenes” (El País, 12 de junio de 2013); “Cientos de agentes de la fuerza de intervención rápida que están ahora en la emblemática plaza —a la que no se acercaban desde hace dos semanas—, se enfrentaron a un grupo reducido de personas que les tiraba adoquines, cócteles molotov y bengalas” (ABC, 11 de junio de 2013).

Nos rechinan las palabras lanzadas en un tono acusatorio y criminalizador con el que se tratan los disturbios y enfrentamiento ocurridos en Barcelona, que nada tienen que ver con los términos empleados por los medios en relación a los hechos ocurridos en territorio turco. En Barcelona los manifestantes son encapuchados antisistema, violentos y radicales; en Turquía son participantes, personas y jóvenes. En Barcelona, son los manifestantes quienes cargan contra la policía, mientras que en Turquía es el presidente quien carga contra la personas. En Barcelona quienes tiran piedras son antisistema, en Turquía quienes lanzan piedras y cócteles molotov son personas. Estos mínimos ejemplos sirven para ilustrar como cuando las luchas son cercanas y las personas que se movilizan se salen de las líneas institucionales los medios actúan como un elemento creador de alarma social con el que poder justificar la represión sobre las luchas ocurridas al margen de los cauces democráticos, mientras que cuando las luchas son llevadas en otros contextos el trato ofrecido por los medios es de comprensión y casi compasivo al entender que la realidad es “diferente”, que allí se tienen que movilizar porque su realidad dista mucho de la maravillosa situación con la que aquí nos encontramos, que allí la policía carga injustificada y salvajemente, mientras que aquí las fuerzas del orden hacen su trabajo para contener a los/as violentos/as y radicales que aprovechan cualquier excusilla para lanzar cuatro piedras.

Los ejemplos de criminalización de luchas sociales por medio de la prensa son innumerables, necesitaríamos un número entero para contarlos y aun así nos quedaríamos cortos/as. Por mencionar simplemente algunos conflictos donde la prensa le ha seguido el juego al poder político estarían la lucha vecinal ocurrida en el barrio valenciano de El Cabanyal, la de los/as vecinos/as burgaleses/as en la implantación de un parking en Gamonal y el más claro caso de criminalización y estigmatización mediática, la entrada en prisión provisional de cinco compañeros/as detenidos/as en diciembre de 2008 en una manifestación convocada en solidaridad con la revuelta griega y la muerte a manos de la policía del chaval de 16 años Alexis Grigoropoulos, alegando alarma social causada por los medios de comunicación. Desde aquí, aprovechamos para mandar un cariñoso abrazo a todos/as ellos/as, que todavía siguen en espera de juicio.

Los medios apuntan y el Estado dispara.

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