La Fundación

Autor: Isaac Asimov. Publicada en EEUU en 1951. 296 páginas

La Fundación es una novela de ciencia ficción (la primera de una serie de siete libros) escrita por el científico ruso-estadounidense Isaac Asimov a los 21 años de edad, en 1951. Ambientada en un futuro que sucederá dentro de decenas de miles de años en el que la raza humana ha colonizado toda la galaxia, se escribió desde la perspectiva dominante en su época, y muchos de sus detalles técnicos han quedado completamente desfasados por los avances tecnológicos actuales, inimaginables en su momento. Conceptos como el wi-fi, la comunicación instantánea por internet y el creciente desuso de la prensa escrita en papel para dar paso a una era digital era impensable en la década de los 50, y se nota en su obra futurista donde los personajes, de un modo improbable, fuman cigarrillos y leen el periódico en su naves espaciales interestelares.

Sin ánimo de hacer muchos spoilers, destacamos la novela porque muestra con extraordinaria claridad y crudeza el poder manipulador y socializador de la religión. Únicamente revelaremos que, en un momento dado, algunos de los personajes introducen en una población tecnológicamente retrasada una serie de inventos propulsados por energía nuclear, presentándolos como divinos, para luego crear toda una religión organizada con sacerdotes que someten a decenas de planetas, billones de personas, a su voluntad. La novela se convierte, de esta manera, en una crítica a la manipulación ejercida por todas las religiones organizadas que hemos conocido a lo largo de nuestra historia.

Siglos después, cuando la religión deja de ser un agente socializador efectivo contra las contrafuerzas del “nacionalismo” planetario, los personajes recurren a una nueva estrategia colonizadora: la del capitalismo y el libre comercio. De esta manera, mercaderes actuando como agentes secretos viajan a los planetas que se les resisten para crear nuevas necesidades en sus poblaciones que solo se podrán satisfacer con aquello que (casualmente) comercian, sobornar a los dirigentes locales con nuevas tecnologías y crear relaciones de intercambio en condiciones de desigualdad entre planetas fuertes y débiles, tal y como sucede en nuestro mundo actual.

Si bien la lectura de esta novela resulta muy enriquecedora y entretenida, debemos hacerle también una dura crítica que reduce su atractivo: no existe en toda la obra ni un solo personaje femenino, y eso que hay varias decenas de personas que aparecen en ella. De hecho, en un primer momento alguien podría pensar al leer el libro que las mujeres se han extinguido de la galaxia, al no aparecer ninguna en las primeras 100 páginas. La única mujer que interactúa con alguno de los personajes es Licia, la mujer florero de un líder local, y sólo lo hace para recibir de manos de un comerciante un artilugio que aumenta su belleza, lo cual sirve para convencer a su marido de los beneficios de sus cacharros nucleares. Asimov cometió el imperdonable error, al diseñar su futuro intergaláctico, de obviar a la mitad de la humanidad y de otorgar protagonismo exclusivo a los hombres. Pudo ser visionario en muchos aspectos, pero no en relación al feminismo.

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