Irán: Pan. Trabajo. Libertad

Estas últimas semanas, nos hemos visto sorprendidos por los ecos de las protestas que llegaban desde Irán. La enorme distancia (tanto como espacial como idiomática) y el cruce de intereses geopolíticos visible en las diferentes interpretaciones realizadas desde occidente, hacen que se haga muy complicado hacerse una idea de lo que realmente está sucediendo allí, tratar de entender el qué, el cómo y el hacia dónde de esta revuelta. Creemos que esto es algo generalizado en nuestro entorno, de modo que desde el Todo por Hacer nos parece de especial interés traducir ciertos textos que estamos leyendo en internet sobre este conflicto. Textos que llegan de activistas iraníes o de compañeros/as conocedores del asunto. Empezamos con este artículo publicado hace menos de una semana en la web inglesa libcom.org bajo el título Iran. Bread. Jobs. Freedom. Esperamos que no sea el último que publiquemos.

Estamos publicando este texto directamente de un activista iraní, tratando de entender la actual ola de protestas. La situación evoluciona rápidamente, y las protestas son lo suficientemente difusas para que cualquiera que pretenda saber lo que acontecerá de aquí en adelante sólo pueda ser ignorado. La contribución que podemos hacer es realizar una serie de preguntas para ver qué ha sucedido, que está sucediendo y, sólo a partir de eso, especular con lo que podría suceder en el futuro. Esperemos que más gente contribuya a este esfuerzo en los próximos días y semanas.

Armin Sadeghi, 4 de Enero de 2018

¿Estamos librando una revolución en Irán?

Tal vez no. Pero si percibimos la esencia de una revolución como “la abolición del miedo”, entonces todo el mundo ha escuchado (y visto) al pueblo iraní gritando sin miedo “el emperador no tiene ropa”.

Es difícil anticiparse más allá de esto, pues las fuerzas sociales en conflicto aún no se han desarrollado completamente; y es casi imposible captar una revolución mientras se está librando. Pero podemos especular sobre la situación actual, tal como Marx escribió a Ruge: “Las dificultades internas parecen ser casi mayores que los obstáculos externos. Puesto que aunque no existe duda en torno a la cuestión de “de dónde”, prevalece la mayor confusión sobre la cuestión de “adónde”. Aquí nos limitaremos a la cuestión de “de dónde”: de dónde proviene la actual ola de protestas, ya que ciertamente existen dudas sobre esto fuera de Irán.

El curso de los acontecimientos se ha acelerado vertiginosamente en Irán (tal y como ha sucedido en otras regiones), y casi ha llegado al punto en el que nadie puede generar una narrativa cohesionada. Aun así, el establishment político tuvo éxito en su creación de otra fachada de elección: el mismo viejo truco de la elegir entre lo malo y lo peor, mientras ambos partidos sirven a los mismos intereses[1].

Al mismo tiempo, Irán tiene el mayor índice de accidentes y muertes en el lugar de trabajo del mundo. Justo antes de las elecciones, más de 40 mineros murieron en una brutal explosión[2], y el presidente fue abucheado mientras intentaba mantener su imagen popular visitando el lugar de los hechos. Unos pocos meses antes, el colapso de un edificio comercial en el centro de Teherán (Edificio Plasco) demostró que un sentimiento general de desconfianza está creciendo entre la gente hacia el aparato político en su conjunto.

Tras la reelección de Rouhani, la situación se torció aún más. La administración presidencial -la misma gente ha abogado por el proyecto neoliberal durante décadas- se volvió demasiado segura de sí misma y decidió librar una guerra general contra la clase trabajadora (cebándose en los trabajadores precarios y los trabajadores contingentes). En este sentido, mucho se había allanado estos años, con una asistencia sanitaria pública que se reduce a casi nada, lo mismo que ocurre con la estabilidad laboral y la seguridad en el lugar de trabajo. El proyecto neoliberal ha estado cociéndose durante más de 26 años. Hubo otra revuelta hace unas dos décadas y fue brutalmente reprimida por las mismas personas que hoy sustentan el frente reformista[3].

Desde entonces, a pesar de los aparentes conflictos políticos entre las administraciones que se han ido alternando en el poder, los programas económicos han sido escritos por la misma mano: pseudo-privatizaciones, acumulación por desposesión, destrucción de todos los sindicatos y consejos de trabajadores independientes[4], precarización del trabajo… Durante la última década, hemos sido testigos de una caída en picado de la clase media hacia los sectores más bajos de nuestra sociedad. La doctrina de un país metropolitano ha dejado a todas las ciudades pequeñas y a los diversos grupos étnicos en lucha por su supervivencia, mientras el capital parecía no parar de crecer. El resto de la historia es demasiado familiar para entrar en detalles, sólo tienes que echar un vistazo al consumo per cápita de productos básicos como la leche y las lecherías, que ha disminuido a menos de la mitad, o de la carne roja, que ha caído más de un 70%.

Estudiantes iraníes se enfrentan a la policía antidisturbios durante las protestas contra el Gobierno el 30 de diciembre en Teherán.

De modo que el trasfondo está claro: la proletarización ha avanzado durante estas últimas tres décadas, no quedan sindicatos que puedan luchar por sus intereses de clase, y existe un dramático aumento en las tasas de desempleo debido a la financiarización del capital.

La generación del baby boom de los ochenta no puede encajar en ningún paradigma socialmente aceptado, después de su graduación (y una parte importante de esta generación ha ido a la universidad) no hay trabajos que se adapten a sus habilidades, y los trabajos a los que pueden aspirar no permiten ningún tipo de vida decente. Debido a esto, la generación actual no puede mantener una familia nuclear, algo que es crucial para la estructura ideológica y económica del régimen político de Irán (nótese que todos los datos económicos oficiales se publican por familia, no por persona).

Esto ha resultado en un año de difusas pero contagiosas concentraciones, manifestaciones y sentadas: los estudiantes que se oponen a la privatización y la mercantilización de la educación; los jubilados que se oponen a la bancarrota de las pensiones; los profesores y enfermeros que protestan contra las condiciones inhumanas de vida; los conductores de autobuses que apoyan a los miembros de su sindicato; y las innumerables huelgas en varios sectores, desde los mineros hasta los trabajadores de la caña de azúcar.

En este contexto, la administración Rouhani buscó impulsar un paso más allá su guerra contra la clase obrera tras su reelección. Comenzó un nuevo proyecto de pasantías no remuneradas al que se opuso una fuerte campaña estudiantil contra todo tipo de trabajos no remunerados o infra-remunerados. Por otro lado, Reza Shahabi, el secretario general del sindicato de conductores de autobús[5] fue ilegalmente encarcelado, y después de más de dos meses de huelga de hambre, cuando sufrió dos infartos cerebrales, las autoridades se negaron a hospitalizarlo. Estos actos fueron fuertemente rechazados por activistas sindicales de diferentes sectores. Luego vino el catastrófico terremoto.

La catástrofe del terremoto no fue sólo un fenómeno natural, sino que derribó la cortina que ocultaba la pobreza de la región occidental del país. Muchos funcionarios no podrían haberse preocupado menos por la gente que necesitaba ayuda inmediata. Incluso los trataron con cierto desprecio. Se acabaron crearon círculos de voluntarios para ayudar a quienes lo necesitaban. Esta situación desilusionó a una parte de la sociedad, abriéndole los ojos sobre quién va a permanecer a su lado y quién sólo está pensando en cómo sacar provecho de cada situación. Los terremotos continuaron, y durante meses se reprodujeron (aunque con menor intensidad) por todo el país. Teherán se consumía por la inquietud, pues se ha estado previendo un enorme terremoto desde hace décadas.

La gente se recuperaba del trauma cuando el terremoto económico llegó: el presupuesto anual para este nuevo año diseñado por la administración Rouhani era un insulto para todos. Todo el daño causado por el terremoto representaba unos 600 millones de dólares, y el gobierno consideró imposible proporcionar un presupuesto de reconstrucción, dejándolo todo en manos de donaciones individuales. Mientras, por otro lado, el presupuesto para ciertas instituciones de propaganda superaba los 15 mil millones de dólares y se pretendía cubrir enteramente este año. El precio del petróleo se prevé que aumente en más de un 50%. Y al mismo tiempo no quedaba presupuesto para programas estatales de construcción. Las noticias se trasmitían rápidamente, y la insatisfacción fue más allá de las previsiones del gobierno.

¿Cómo comenzaron las protestas? ¿Quién está en las calles? ¿Qué quieren? ¿Y hacia dónde caminar ahora?

La administración Rouhani acusa a su rival en las últimas elecciones de encender las revueltas. Pero no se puede ignorar que la anterior revuelta del pan (hace veinticinco años) comenzó en la misma región. Además, Mashhad ha sido un paraíso impositivo para parte de las élites económicas del régimen durante décadas y tiene uno de los índices más altos de crecimiento de suburbios pobres en el país. De todos modos, no tiene importancia para nosotros verificar las teorías conspirativas sobre el comienzo de la revuelta. La cuestión aquí es su explosión repentina por todo el país. Numerosas ciudades se sumaban a una protesta de la que los teheraníes de clase media no habían siquiera oído hablar. El cuerpo de los manifestantes está siendo principalmente la juventud desilusionada de entre 15 y 30 años; la generación iraní sin futuro, si se quiere usar este término.

Las primeras manifestaciones comenzaron con furia contra las condiciones económicas y los presupuestos del gobierno para este nuevo año. Pero en menos de dos días, las manifestaciones pasaron a apuntar al aparato político en su conjunto. Consignas como “abajo los altos precios” pronto dieron paso a otras como “abajo con el dictador”. Consignas contra el líder supremo y el régimen fueron gritadas en voz alta frente a las fuerzas represivas por primera vez en mucho tiempo.

Estudiantes iraníes se enfrentan con la policía antidisturbios durante una protesta antigubernamental alrededor de la Universidad de Teherán el 30 de diciembre.

Estaba claro que el movimiento horizontal que se estaba creando no podría fácilmente traducir su ira en demandas positivas específicas. Incluso las consignas contra el régimen no daban una idea clara de alternativa. La insatisfacción económica no conseguía trasladarse a medidas concretas. Las fuerzas reaccionarias dentro y fuera del establishment (incluyendo principalmente al hijo del anterior Shah de Irán y sus partidarios de la monarquía, y a la organización armada religiosa Mujahedin-e-Khalgh) trataron de aprovechar la situación. En algunos lugares han tratado de fomentar la nostalgia hacia el buen dictador que fue Reza-Shah, el abuelo del actual líder opositor, mientras en otras partes han luchado por el apoyo de la administración Trump. Todo esto ha sucedido debido a la supresión sistemática que ha sufrido la izquierda desde la revolución de 1979. De hecho, algunos sostienen que la piedra angular del actual régimen se basa en la supresión de la izquierda y de las mujeres.

El punto de inflexión entre toda la confusión fueron los estudiantes. En el tercer día, realmente cambiaron el paradigma de la revuelta, principalmente en Teherán, algo que se extendió a muchas otras partes del país. Se opusieron a las consignas reaccionarias con eslóganes como “incluso las mujeres se han unido, pero vosotros, hombres vagos, estáis aún esperando”, cambiaron el eslogan pro-nacionalista de “ni Gaza, ni Líbano, yo sólo moriré por Irán” por el lema mucho más profundo de “de Gaza a Irán, abajo con los explotadores”. También agregaron algunas consignas con conciencia de clase promoviendo los consejos de trabajadores o alentando a la gente a ir más allá del falso dualismo entre reformistas y fundamentalistas. Esto fue inmediatamente reconocido por las autoridades como un punto de ruptura.

Manifestantes a favor del régimen corean consignas en apoyo del Gobierno durante una marcha cerca de la gran mezquita Imán Jomeini en Teherán (Irán), el 30 de diciembre.

Desde entonces, han estado arrestando a numerosos estudiantes y activistas. Los servicios de inteligencia vieron esta situación como una ocasión ideal para suprimir a la izquierda durante una década más.

Este proyecto está todavía en marcha, y todo lo que la izquierda puede esperar en este momento es sobrevivir a esta situación y lanzar un contraataque a su debido tiempo.

Traducción del artículo publicado en www.libcom.org, realizada por www.todoporhacer.org

______________

[1] Las elecciones presidenciales y locales de mayo de 2017 resultaron en la relección de Rouhani para un segundo mandato con el 57,14% de los apoyos frente al conservador Ebrahim Raisi, con un 38,28% (todo ello, con una participación del 73%)

[2] En la mina de carbón Zemestanyurt al norte del país

[3] Esto puede observarse en el siguiente artículo sobre los disturbios alimenticios de 1991/1992: www.merip.org/mer/mer191/squatters-state; mientras que las protestas estudiantiles de 1999 son mencionadas aquí: www.libcom.org/library/anti-imperialism-iranian-revolution

[4] Como ejemplo de la represión del movimiento obrero: www.libcom.org/news/anti-labour-witchhunt-iran-continues-16082008

[5] www.libcom.org/news/article.php/iran-bus-strike-update13-300106

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