Ahora Carmena

Ya han pasado casi cuatro años del furor carmenita. Recogiendo la oleada de politización y movilización del 15M, las apuestas electorales a nivel municipal se multiplicaron por todas partes. Multitud de “Ahora…”, “Ganemos…” o “… En Común” se mostraban como plataformas colectivas que desde distintos ámbitos, desde activistas de movimientos sociales hasta la vieja izquierda electoral, apostaban por “tomar” los ayuntamientos, por eso de que es la institución del Estado más cercana y con, supuestas, mayores opciones de realizar una gestión más colectiva, democrática o participada. En Madrid eran comunes los debates abiertos entre posiciones a favor de la participación institucional y su contraria. Unos decían que había una “ventana de oportunidad”, que desde los institucional se podría potenciar una descentralización y apoyar las demandas de los movimientos, bloqueadas año tras año por gobiernos poco amigos. Los otros señalaban los límites y riesgos de una apuesta así, tanto si se ganaba como si no, los esfuerzos invertidos en construir movimientos y organizaciones de base se trasladarían a la gestión burocratizada del pequeño Estado que es un Ayuntamiento.

El acuerdo que se realizó entre la pata más social, Ganemos, de la candidatura en Madrid con las burocracias de partido, IU y Podemos, fue la primera muestra de esa supuesta candidatura ciudadana tomaba camino de ser una nueva coalición de partidos que se repartirían los puestos de forma más o menos proporcional. De ese acuerdo surgió el mayor de los monstruos de todo este periplo: Manuela Carmena. Una adorable anciana excomunista, antifranquista, jueza, muy campechana y que a todo ponía buena cara. Una señora a la que podían votar tanto personas mayores desencantadas del PSOE, como jóvenes milenial sobre los que se generó una ilusión y unas expectativas a golpe de redes sociales.

¿Quién podía pensar que una jueza excomunista (del PCE de Carrillo) iba a salir “rana”? ¿Como podía imaginarse que una camapaña electoral personalista iba a debilitar un posible proceso democratizador? ¿Como iba a ser posible que las burocracias de los partidos impusieran sus agendas? ¿Quién podía imaginar que sin una fuerte estructura territorial las decisiones las iban a tomar un pequeño grupo de personas que mandaban?

Manuela Carmena fue aupada por una campaña colectiva de la que participaron cientos de personas con ideas creativas, virales y con gancho. Convirtieron a Carmena en un icono Pop. Y claro, cuando encumbras a alguien a ver quien la baja luego. El desarrollo del gobierno de Ahora Madrid ha sido una sucesión de desencuentros con los movimientos sociales y sectores internos que apoyaron la candidatura. El programa electoral quedó en meras “sugerencias” para Manuela que colocó y se rodeó de gente de su confianza, ajenos a los procesos de construcción de esa candidatura colectiva. A esto se le suma la marginación de los concejales y corrientes internas “díscolas” y la nula implantación territorial de Ahora Madrid. Se da el hecho de que, si se quisiera, el PSOE es potencialmente un partido, a nivel municipal, más participativo: existen agrupaciones y locales en todos los barrios, esas agrupaciones podrían debatir y hacer que sus representantes mandaran obedeciendo. Esto, obviamente, no es lo que sucede. Pero es que en Ahora Madrid no existen formas efectivas de participación barrio a barrio, no hay organización y por tanto no puede darse un control de sus representantes. Y esto dejando a un lado toda la crítica que puede tenerse a esta forma de hacer política, el problema es que ni siquiera dentro de sus marcos de referencia cumplen con las mínimas expectativas de participación.

Y si esto no fuera suficiente, cuando ya empieza la carrera electoral y todas las personas que viven de esto deben posicionarse, comienza el baile. Manuela Carmena anuncia que volverá a presentarse a las elecciones, pero con una nueva fórmula que va más allá del “partido” mediante una agrupación de electores. Es decir, manda a la basura cualquier posibilidad de existencia de una organización que controle su gestión y decisiones para crear una fórmula que no le de problemas y sirva a sus intereses personales. Como no podía ser de otra forma, los estómagos agradecidos que la rodean ya salieron a apoyarla. Sorprende (en realidad no) ver entre esas personas a ese grupo de jóvenes que formaron Juventud Sin Futuro, apoyando sin fisuras a Manuela. Los jóvenes bien preparados ya tienen un futuro asegurado con Manuela.

Manuela volverá a presentarse una vez más. Podrá ganar, pero ya no podrá convencer a tantas activistas de calle y movimientos que han comprobado durante 4 años que sus expectativas han sido defraudadas. Esto no es una desilusión para muchas, ya que nunca tuvimos grandes ilusiones con un gobierno municipal de este tipo, ahora tenemos una experiencia más de las dificultades e imposibilidades que tiene la participación en las estructuras del Estado. Ahora tenemos más experiencia acumulada de trabajo en las calles y barrios. Ahora vuelve a darse la oportunidad de imaginar la política más allá de los estrechos márgenes del Estado y pensarla en las infinitas posibilidades que te da la libertad de construir entre iguales, de abajo a arriba.

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