A vueltas con el cultivo de la tierra

Hace ya un par de meses decidimos darle un espacio en esta publicación a una noticia que nos parecía interesante, la ocupación de una finca en tierras andaluzas por parte de jornaleros/as en paro (véase aquí). Nuestro interés radicaba (y todavía radica) no solamente en el tema de la lucha por la tierra, sino también en su carácter positivo; nos parece importante darnos un poco de ánimo de vez en cuando, no todo puede ser ir a la defensiva tratando de evitar recortes y anunciando nuevos empeoramientos de nuestras condiciones de vida. Está claro que andamos en un momento histórico en el que no tenemos mucho empuje como clase, pero por esa misma razón estas pequeñas iniciativas (o grandes, según se mire) que implican dar un golpe en la mesa y tomar lo que entendemos como “nuestro” para otorgarle una oportunidad al trabajo colectivo y al apoyo mutuo, siempre nos suponen un momento de alegría. Ahora volvemos sobre esta noticia, para relatar cómo se han ido gestando los acontecimientos en estos meses, y cómo, de nuevo, nos alegra ver como siguen los golpes en la mesa.

Una vez dicho esto, pasamos a refrescar un poco la memoria sobre toda esta situación. Para nosotros/as, esta noticia comienza el pasado 4 de marzo cuando una marcha convocada por el Sindicato Andaluz de Trabajadores – Sindicato de Obreros del Campo finaliza en la finca de Somonte (en el término municipal de Palma del Río, Córdoba), propiedad de la Junta de Andalucía y gestionada por el Instituto de Reforma Agraria, que iba a ser sacada a subasta pública, a pesar de que este instituto es el “responsable” (palabra poco significativa en el mundo de la política) de gestionar la puesta en marcha de iniciativas encaminadas a dotar a los/ as campesinos/as de las tierras de dominio público. Tras la marcha se realizó una asamblea que tomó la decisión de ocupar los terrenos para que fueran trabajados por jornaleros/as parados/as residentes en la comarca. De esta forma comienza la ocupación de Somonte, y con ello se inician los trabajos de restauración de unas 400 hectáreas de terreno desde hace años en total abandono, se crea un huerto para el autoconsumo, comienza la labranza de una hectárea de terreno para la siembra de pimientos, la plantación de olivos, el arreglo y mejora de las instalaciones de riego, se pone en marcha de un gran pozo de agua… todo ello gracias a la veintena de trabajadores/as que ocupan la finca y al soporte de solidarios/as de pueblos cercanos y de los diversos Comités de Apoyo que han ido surgiendo por toda Andalucía. En todo este tiempo se han planteado y llevado a la práctica ideas (con sus aciertos y errores) en torno a la gestión de la tierra por parte de los/as mismos/as trabajadores/as, a la vez que se negaba esta agricultura industrializada que nos ha traído agroquímicos, pesticidas altamente contaminantes, transgénicos de los que no sabemos muy bien sus consecuencias y un tratamiento de los campos como meros pozos de los que sacar beneficio hasta secarlos. Desde un primer momento, la Junta de Andalucía denuncia los hechos ante el juzgado de Posadas, lo que acaba concluyendo en una orden de desalojo que llega a los/as jornaleros/as el pasado 13 de abril de manos de la Guardia Civil. De poco sirven las manifestaciones y acciones de apoyo a la ocupación, los intentos de reunión con el PSOE (en esos momentos en plena negociación para formar un nuevo gobierno en Andalucía con IU) para que la finca fuera cedida a los/as ocupantes de la misma.

Aun así, es en ese momento cuando los/as jornaleros/as de Somonte no se amedrantan y expresan a las claras que no van a abandonar la finca y los trabajos que en ella están realizando. A partir de ahí, empiezan a trasladarse hasta la zona numerosos/as solidarios/as con los/as trabajadores/as, de cara a tratar de evitar la actuación judicial. Finalmente, catorce días después, se produce el desalojo de la finca por varias dotaciones de antidisturbios de la Guardia Civil. Sin embargo, en menos de 24 horas, unas 100 personas, previa asamblea, deciden que vuelven a tomar la finca, ya que habían anunciado que no se pensaban ir, y de madrugada entran en la misma para a la mañana siguiente seguir con sus trabajos en el campo. Durante ese “día después” del desalojo-reocupación, la Guardia Civil no hace acto de presencia en Somonte, únicamente se mantiene en los alrededores identificando a aquellos/as que se dirigen a la finca y da parte a los medios de comunicación de que han iniciado la instrucción de diligencias para una nueva denuncia. Mientras tanto, el trabajo continúa en Somonte.

De los campos a la urbe

Esta lucha por la tierra no acaba en el medio rural, sino que durante estos últimos meses estamos asistiendo a un repunte en la creación de huertos y parques urbanos autogestionados. Aquí y allá se suceden las ocupaciones de terrenos en desuso, la limpieza de espacios que se han convertido en improvisados vertederos para hacer de ellos lugares de trabajo comunitario en torno a la agricultura natural. En esta ocasión haremos mención a una de las últimas acciones tomadas desde la asamblea del 15 M del barrio burgalés del Gamonal, que el pasado 12 de mayo hizo pública su entrada en un solar abandonado de cara a generar un huerto y un parque ecológico. Con esta acción, y más concretamente con la elección del lugar ocupado, se trata además de poner en evidencia las consecuencias del desarrollismo que ha recorrido en las últimas décadas todos los rincones del Estado, pues este solar es propiedad de una de las empresas constructoras que hicieron su particular agosto en Burgos con el boom del ladrillo, dejando tras de sí una enorme tasa de viviendas abandonadas en la ciudad, un importante negocio con la expedición de licencias de obra, 5.000 desempleados/as y numerosas construcciones a medio terminar.

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