Abramos casas para cerrarles la boca

Dedicado a todas aquellas personas que nunca aparecerán en la revista Time, no porque no las reclamen sino porque se niegan a que su lucha forme parte de ese circo.

Pese a la eventual aparición últimamente de algunas palabras honestas sobre el llamado movimiento 15-M en algún artículo de prensa o en alguna intervención radiofónica (seguro que fruto de alguna becaria hastiada o de algún ejemplar único de periodista honrado perdido en ese mar de mercenarios/as, de mercaderes de la palabra), los medios de comunicación han desarrollado un trabajo concreto y meditado en función de sus propios intereses, pero aun así se puede entrever unas líneas comunes de actuación en prácticamente todo el entramado de medios nacionales.

Cuando el movimiento social surgido de la movilización del 15 de Mayo y de la posterior acampada en la Puerta del Sol ha mostrado su cara menos amable, los medios de comunicación han actuado en consecuencia. El rechazo popular que sufrieron los parlamentarios catalanes el 15 de Junio (por cierto, jo també estava al Parlament… i ho tornaria a fer!), las protestas por todo el Estado durante la constitución de los nuevos ayuntamientos tras las elecciones del 22 de mayo, los múltiples edificios ocupados en las últimas semanas, etc., les han empujado a introducir cambios sustanciales en la forma de abordar las noticias que genera el movimiento 15-M. Para este número nos ha parecido interesante acercarnos al trato que han recibido las noticias relacionadas con la lucha por la vivienda.

Lo primero es ponernos en contexto. Aunque las organizaciones de personas afectadas por la amenaza del desahucio no han surgido recientemente, han adquirido realmente fuerza y protagonismo gracias a los lazos creados con las asambleas de barrio. Durante los meses de primavera y verano se paralizaron decenas de desahucios por todo el Estado pues cada convocatoria era respaldada por un buen número de vecinos/as. Pero esta forma de lucha presenta sus límites. El Estado no tiene más que incrementar la presencia policial y endurecer sus actuaciones para conseguir que los desahucios se lleven a cabo. Y esto es lo que ha pasado en las últimas semanas. Los/as funcionarios/as judiciales conseguían llegar a las viviendas gracias a un camino allanado por una violencia policial que ha dejado un número importante de detenidas/os, heridas/os, identificadas/os, etc., por lo que desde diferentes colectivos que llevan tiempo trabajando el tema, se ha visto la necesidad no sólo de replantear la lucha del mismo día del desahucio sino también de buscar alternativas para esas familias que ya están en la calle. En este punto, la ocupación de viviendas embargadas, en desuso, abandonadas, etc., propiedad de bancos y especuladores/as, aparece en escena como una opción completamente legítima.

Las dos experiencias más significativas se producen tras las masivas manifestaciones del 15 de octubre. En Madrid, se ocupa un hotel próximo a la Puerta del Sol y en Barcelona se expropia un edificio cuyas viviendas fueron robadas por una entidad bancaria. Aunque no son las primeras ocupaciones llevadas a cabo por parte del entorno del 15-M (pues alguna asamblea de barrio ya había abierto algún edificio para utilizarlo como centro social y comunitario), sí son las primeras que adquieren cierto protagonismo mediático y desencadenan un efecto dominó que se extiende por todo el país (Granada, León, etc.). Además presentan la novedad de que son utilizadas para cobijar a familias expulsadas de sus viviendas.

En Madrid, son varias las ocupaciones que aparecen en el distrito Centro. Pero el 5 de diciembre, la Policía desaloja el Hotel Madrid expulsando a más de 100 personas y deteniendo a 10 de ellas. Esa misma tarde se produce una manifestación con varios/as miles de asistentes que corta las principales arterias del centro de la capital. Además se producen un par de intentos de ocupación pero de una forma muy chapucera, sin planificación alguna (esperemos que al menos esas pequeñas acciones sirvan para hacer autocrítica).

Volviendo al tema en cuestión, en esta situación, los medios de comunicación se han puesto en alerta. Mientas el movimiento se limite a pacíficas manifestaciones y a la elaboración de reivindicaciones y peticiones de naturaleza democrática y reformista, ¿quién se va a atrever de decir una mala palabra de estas/os buenas/os chicas/os? Ya lo hemos comprobado. Políticos/as, empresarios/as, intelectuales, artistas, etc., no escatimaron en elogios durante los primeros días de acampada. Pero cuando la gente da un paso más y rompe con sus reglas de juego, traspasando la legalidad, cuando la gente que participa en este movimiento toma la decisión de recuperar aquello que les pertenece sin esperar a que sus problemas se los solucione algún político que ese día se levante altruista y solidario, los medios de comunicación y aquellos/as que forman parte del poder establecido muestran su verdadero rostro.

En los últimos días hemos visto aparecer noticias en las que se abordaba el tema recurriendo a diferentes fórmulas para tratar de sembrar desconfianza e inseguridades entre la opinión pública. Se ha utilizado desde algo parecido al chantaje emocional (el movimiento ya no es lo que era, ha perdido su esencia original, etc.), a la ya manida teoría conspirativa de la infiltración de antisistemas (¿qué significa ser antisistema? ¿Estar en contra de este sistema? Entonces, teniendo en cuenta cómo es este sistema, ¿no será más peligroso un prosistema?), siguiendo por el intento de generar dentro del movimiento la división entre buenas/os y malas/os, entre los/as militantes serios/as y responsables, y aquellos/as radicales e impulsivos/as.

Aunque es innegable que la nueva situación genera discrepancias entre parte del movimiento, consideramos que no podemos admitir que se cree esa polarización pues sólo nosotras/os salimos perjudicadas/os. El debate sobre estrategias de lucha es realmente necesario pero debe salir de nosotras/os mismas/os, no podemos permitir que ellos/as marquen los ritmos, que ellos/as pongan las cuestiones y los argumentos sobre la mesa, y que confundamos la opinión de la gente con la opinión de periodistas y tertulianos/as. Por otro lado, el dotarnos de estructuras y herramientas propias como la asamblea, webs de contrainformación, octavillas y carteles, etc., hace que mantengamos nuestra autonomía y seamos nosotros/as quienes tracemos el camino que queremos recorrer, además de posibilitarnos el acercar a la gente nuestra verdadera opinión y hacer de contrapeso a lo publicado en sus medios.

Para finalizar, queremos mostrar nuestra repulsa, nuestro más absoluto desprecio a quienes criminalizan a aquellas personas que deciden ocupar una vivienda abandonada mientras se producen más de trescientos desahucios al día, mientras bancos e instituciones públicas (IVIMA; EMVS, etc.) se llenan sus bolsillos a base de especular, mientras hay alrededor de tres millones y medio de viviendas sin utilizar, mientras existe esta insostenible situación. Aquellas bocas que callan cuando una mujer en Granada es desahuciada por decenas de antidisturbios que hacen guardia durante toda una noche para evitar las expresiones de solidaridad de sus vecinos/as, pero ladran cuando un grupo de jóvenes deciden dar vida a un espacio muerto en su barrio, no están más que llenas de mierda.

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